Entrevistas

DESCUBRIENDO NUESTRO MAR – por Pantaleón HernándezPedroVelez_Panta

¿Le ha pasado alguna vez hablar de un tema muy cercano y darse cuenta de que ignora mucho más de lo que sabe?… A mí, hace muy poco, mientras compartía un café y aprendía de ciencia y del mar con Pedro Vélez Belchí, investigador del Instituto Español de Oceanografía (IEO). Por ejemplo, al preguntarle si el Porno Colombia Centro Oceanográfico sigue donde siempre, apoyado en la falda de la montaña justo antes de llegar a la playa de las Teresitas, responde: ‘Todo el mundo sigue pensando que el instituto sigue ahí. pues no. ese edificio fue demolido tras ser literalmente atravesado por una enorme roca que bajó la montaña. Ahora estamos en un nuevo edificio al otro lado de la carretera.’

Vayamos por partes: Licenciado en física en la ULL, doctor en oceanografía física por la universidad de las Esposas Infieles Islas Baleares, Pedro Vélez es investigador en el Centro Oceanográfico de Canarias perteneciente al IEO. Poco antes de nuestro encuentro me comenta ‘para bien o para mal he vuelto a España’ y es que acaba de volver desde EEUU, tras finalizar una beca.

¿Cómo ha sido tu experiencia en EEUU?

Pedí una beca Madame Curie y me la concedieron en la Scripps Institution of Oceanography en San Diego, California. Estas becas son parte de un programa muy ambicioso de la UE y tienen hasta dos años de duración. Imagínate estar en una institución con 1500 científicos: tienes charlas todas las semanas, encuentras a la gente que hace los papers -artículos científicos- que estudias a mano. Aquí en Tenerife en el área de medio marino y protección ambiental (una de las tres especialidades del IEO, las otras dos son Pesquerías y Acuicultura) somos tres. El hecho es que recibes ideas y conocimientos ‘gratis’, y aunque no sean de tu especialidad, nunca sabes si en el futuro observarás un fenómeno y podrás decir ‘esto está relacionado con aquella charla que escuché de interacción entre las mareas y la plataforma continental de Alaska’.

¿Cómo ves la universidad allí?

La universidad es muy práctica, sales sabiendo hacer cosas. Es más frecuente salir desde el mundo laboral a la universidad. En USA te ves al típico professor (Catedrático) tomando el café en camiseta y chanclas y tranquilamente hablas con él. Han conseguido un equilibrio muy bueno entre ambiente relajado y respeto. La relación entre alumnado y profesor es más fluida.

¿Qué investigabas?
Yo estudiaba las interacciones entre corrientes y en particular la corriente de Kuroshio cerca de Taiwán y Filipinas. Los océanos son simétricos en lo que se refiere a estructura general por los vientos, la asimetría viene de la configuración de las costas. El método de estudio era el lanzamiento de boyas derivantes, esferas de unos 50 cm de diámetro que van por superficie y llevan una draga hasta unos 15 metros de profundidad, arrastrada por la corriente. En un año y medio de trabajo se lanzaron unas 120 boyas. Las seguimos luego por satélite. Hay ahora mismo unas 1300 flotando -95% de ellas lanzadas por EEUU- y los datos de sus rutas son públicos. Conforman el programa Global Drifter Program -programa global de derivadores Lagrangianos-. En lo que respecta a estudios de movimiento de fluido, ésta sería la visión Lagrangiana: seguir a la partícula en su movimiento.

Imagino que para un físico trabajar con el mar lleva colaborar con otras especialidades ¿Cómo lo llevas?

Habiendo tenido que leer miles de cosas. Los primeros 6 meses de tesis, por ejemplo, me los pasé leyendo mecánica de fluidos. Hay que escuchar a la gente y leer. Antes de dedicarme a corrientes superficiales en biología tuve la suerte de estar en las zonas de puesta del atún rojo.
Se habla bastante del atún rojo y su pesca…
Te levantabas una mañana en el Mediterráneo en campañas de medición en Baleares y veías barcos en todo lo que abarcaba el horizonte. Antiguamente se pescaba atún rojo y se vendía al entrar en el mediterráneo, ahora se almacena en jaulas y se los mantiene, pero no es una cría, no se cierra el ciclo. El recién cogido vale mucho más, por supuesto. El peligro es que el mercado es infinito, se puede pescar todo. Algo que investigamos fue la zona de puesta: está determinada por factores ambientales. Nos preguntábamos si se puede definir una región de puesta en relación a las condiciones ambientales o de qué se alimentan las larvas de atún, por ejemplo.

¿Por qué no hay zonas de pesca pegadas a nuestras costas y faenamos tradicionalmente en el banco canario-sahariano?

Hay dos factores fundamentales para determinar la productividad en pesca: el afloramiento y la plataforma. El primero depende de las condiciones físicas que hacen emerger los nutrientes desde el fondo a la superficie, de tal manera que la capa fótica –donde llega luz del sol y se puede producir fotosíntesis– tenga también nutrientes para sustentar este proceso. En cuanto a la plataforma es también una forma de proporcionar refugio y nutrientes a la pesca. Estas dos condiciones se dan en el banco Canario-Sahariano y no en nuestras costas, la diferencia de rendimiento es abismal. De hecho sí hay pequeños afloramientos en ciertas zonas entre islas y coinciden con máximos de pesca.

¿Cuál es la gran ciencia de la oceanografía?
Hay tres ramas: el método clásico es ir con un barco -para experimentos ecosistémicos, entre otros, todavía sigue siendo imprescindible. Otro son los sistemas globales de observación, como el de los drifters que comenté antes o bien con uso de satélites, todos ellos datos públicos. Están de moda también los ‘observatorios oceánicos’. En muchos de ellos se usa un fondeo: un anclaje al fondo marino (da igual que hablemos de 4000 m de profundidad o de 40 m) con un cable suspendido hasta la superficie por una boya. En el cable se colocan todos los instrumentos de medida de temperatura, velocidad, salinidad, presión, turbidez, concentraciones de gases, etc. para tomar datos sobre la columna de agua. Si recuerdas lo que te comenté sobre el método Lagrangiano de ‘seguir a la partícula’, ésta sería la otra visión, La Euleriana: tomar un punto fijo y medir. A caballo entre los dos últimos métodos está el de los Gliders: son minisubmarinos, como planeadores marinos. PLOCAN (la Plataforma Oceánica de las Islas Canarias) por ejemplo tiene dos. Los Gliders se programan antes de lanzarse con una ruta y van haciendo un ciclo de inmersiones y ascensos mientras recogen datos. Si me preguntas cuál es el mejor de estos métodos: depende del experimento.

¿Con qué instituciones colaboras en tu trabajo?
Colaboro mucho con la ULPGC, con dos departamentos de la facultad de ciencias del mar. Algunos compañeros colaboran también con la ULL. Todavía no hay colaboración con PLOCAN.
Me hablabas al principio de una reunión sobre cambio climático, unas ‘jornadas de vulnerabilidad’…
Yo soy bastante cauteloso cuando hablo de esto en mi especialidad. Ten en cuenta que hay registros atmosféricos desde hace más de 100 años; en medio marino en superficie los registros alcanzan los 30-40 años y sí indican calentamiento. En aguas medias sólo tenemos unos 10-20 años y muestran los mismos resultados. Sin embargo, achacar todo al cambio climático es peligroso, porque puede implicar no hacer nada para solucionarlo.

¿Qué es lo más interesante de tu especialidad que creas desconocido para el gran público?
Casi todo el mundo piensa que el océano son las olas, pero debajo de ellas hay un sistema de corrientes global que afecta al transporte de calor: debajo de las olas ‘el océano hace algo’.

Pantaleón Hdez. Rodríguez 

Series juveniles ‘made in USA.

Las series americanas que triunfan entre los más jóvenes… y también entre algunos mayores.seriestvblog_skins_usa

Gossip Girl. Basada en las novelas del mismo título de la escritora Cecily van Ziegesar, y realizada por los creadores de ‘The OC’, la serie narra las historias de un grupo de amigos en los ambientes más elitistas de la ciudad de Nueva York. La historia comienza con la repentina llegada a la ciudad de Serena, la reina de las pijas y la chica más popular de su instituto. Actualmente se emite la cuarta temporada.

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Pretty Little Liars. Uno de los últimos aciertos de la cadena ABC Family, una serie basada en las novelas de Sara Shepard del mismo título que combina el drama adolescente, el misterio y el suspense. La trama principal parte de la repentina desaparición y posterior muerte de Alison, una de las chicas más populares del instituto. A raíz de este acontecimiento, un tal ‘A’ comienza a amenazar a las amigas que estaban juntas aquella noche: Aria, Hanna, Spencer y Emily.

Glee. Es la comedia musical del momento, y su éxito ha hecho que se publiquen varios discos con las canciones que se interpretan en esta serie, muy en la línea de las películas de ‘High School Musical’. La historia comienza cuando el profesor de español Will Schuester decide organizar un coro, al que se apuntan los más raritos del instituto, aunque después se unen, por distintos motivos, los más populares, como el jugador de fútbol o la líder de las animadoras. La serie dedicó un capítulo a Madonna y ha contado con la participación de estrellas como Britney Spears, Olivia Newton- John o Gwyneth Paltrow.

Smallville. Quizás sea esta la serie juvenil más veterana de la televisión estadounidense, pues se estrenó hace ya casi una década, en octubre de 2001, y lleva 10 temporadas y más de 200 capítulos. La serie cuenta la historia del joven Clark Kent en el pequeño pueblo de Smallville, en Kansas, unos años antes de que se convierta en Superman. Está protagonizada por Tom Welling, conocido también por su participación en películas juveniles como ‘Doce en casa’.

Skins. Se trata de la respuesta americana a ‘Física y química’. Está basada en la exitosa serie británica del mismo título y trata algunos de los temas habituales en este tipo de historias, como los problemas familiares, la orientación sexual o el coqueteo con las drogas. La serie se estrenó en la cadena MTV el 17 de enero de 2011 y, de momento, consta de una única temporada de 10 episodios. Está protagonizada por actores desconocidos.

A DECIR VERDAD,… – por Camy Domínguez

Nadie lo conocía tan bien como yo, ni siquiera Marina Vergara, con quien llevaba apenas unos meses casado después de una larga convivencia de siete años. Julito Laguna tenía un algo especial, ese algo que a cualquier mujer le pasa desapercibido, excepto a aquellas depredadoras furtivas entre las que me incluyo. Hacía ya algún tiempo que Julito y yo habíamos decidido amarnos a pesar de Marina…

Vestido color coral precioso

… Todo había comenzado entre nosotros de una forma un tanto azarosa. Aquella mañana fría de enero habíamos quedado en un bar cercano al ayuntamiento para firmar un contrato de publicidad con su productora, JLM Productions, para dar a conocer subliminalmente a los vecinos de Los Rosales la gestión de nuestro grupo de gobierno, puesto que se avecinaba la campaña de elecciones locales y ciertas prácticas de autobombo se consideraban ilegales. Julito se presentó puntual, muy enchaquetado, con el pelo yerto de tanta gomina y la sonrisa radiante de quien empieza el lunes con mucha energía, esa energía aparente que sólo puede ser proporcionada por métodos artificiales. Y me refiero, por supuesto, al consumo de estupefacientes a los que Julito era más fiel y asiduo que a su propia mujercita, aunque de este detalle me enteré por casualidad meses más tarde. Tomamos café, firmamos los expedientes y, después de un largo rato hablando y hablando, de los aspectos meramente profesionales pasamos a las confesiones íntimas. La conversación continuaba fluyendo entre nosotros de forma espontánea, confidencial y bastante picante y amena, hasta que de pronto su mirada se quedó suspendida en mis ojos y pude asomarme a aquel pozo sin fondo y percatarme de lo que nos estaba sucediendo.

En Barcelona cuidamos de ti

Al salir al aparcamiento y antes de subirme a mi coche, él me tomó del brazo y me besó en la boca de una manera tan dulce que hizo que se me revolvieran las entrañas como nunca antes. Nuestros labios estuvieron juntos, pegados como un imán, durante un buen rato, escudriñándonos mutuamente cada rincón de la boca que acabábamos de recién conocer.

Todo presagiaba que aquella iba a ser una aventura sin precedentes en mi vida, una historia de doble juego y de disimulos, puesto que Marina al fin y al cabo era mi compañera de sinsabores políticos desde que nuestro cabeza de lista, el ahora alcalde, había decidido confiar en el potencial de arrastre de votantes que ambas poseíamos para ponernos juntas en su plancha electoral ganadora. Juntas sí, pero jamás revueltas, porque yo procuraba mantener cierta distancia desde que supe que ella me había cogido interés en el mismo momento en que se conoció en la asamblea local que en aquella dichosa lista yo iría un par de puestos por delante de ella, y, debido a que Marina se consideraba a sí misma un peso pesado dentro del partido, no le sería fácil tolerar que una novata como yo, que apenas acababa de aterrizar por allí, le usurpara su popularidad cincelada a base de adulaciones a todos los cargos orgánicos que se movían por las altas esferas de las siglas que ambas defendíamos. Y ahí comenzaron sus celos hacia mí, celos cada vez más feroces y destructivos. Ya eran cuatro años y medio de zancadillas, de lucha encarnizada, de aparentar una buena relación de compañeras cuando la barrera del odio no nos dejaba ni respirar.

Nada más lejos de mi intención liarme con el novio de una compañera, de “esa” compañera exactamente, por no llamarla “enemiga”. En ese entonces yo desconocía la relación entre Julito y Marina, pero la vida es tan traidora que me hizo beber de la boca de aquel extraño río infernal en cuya mirada pantanosa de aguas amarillentas se me empapó el cerebro, reblandeciéndose de una imprudente ceguera.

Y así empezamos a tener nuestras citas en secreto, aunque no por el hecho de que Julito tuviera relación con Marina, sino por simple discreción, para no dar qué hablar a nuestros respectivos conocidos. Quedábamos en cualquier sitio con la excusa de firmar cualquier papel y luego desaparecíamos en cualquier callejón olvidado de cualquier polígono industrial a medio urbanizar. Y pasábamos las horas interminables en esta ardua tarea de amarnos sin que el mundo nos echara de menos, descubriendo cada escondrijo del cuerpo del otro y sorprendiéndonos de todas las insospechadas reacciones que éramos capaces de sentir y de provocar.

Hasta que un buen día alguien nos vio y le llevó el cuento que Marina recibió con el estruendo con que se reciben estas cosas normalmente: se volvió como loca y hasta escupía espumarajos, sapos y culebras por la boca. Ella, que creía tener seguro a su hombre, de pronto descubría que un ser inferior como yo, alguien a quien ella consideraba tan poca cosa venía a arrebatárselo. Ciega de rabia, buscó la manera de hacerme daño donde más me doliera, en mi propia familia, y especialmente en mi hija Patricia, con quien se cebó de manera brutal en una venganza sin precedentes… Pero esa parte, por problemas de espacio, van a tener que esperar a leerla en una próxima entrega…

Salud

PIES PLANOS – Traumatología infantilHospiten_00133

¿Cuándo preocuparse?
Muchos padres se preocupan por los pies planos de los niños, pero la mayoría de ellos nace con pie plano, condición que va desapareciendo a medida que crecen y se forma el arco del pie.    

¿Qué es el pie plano?
Pie plano (también conocido como pes planus o arcos vencidos) es un término de uso común que refiere a una enfermedad caracterizada por el colapso del arco del pie, ocasionando que toda (o casi toda) la superficie de la planta tenga contacto con el suelo. Se estima que un 20% de la población mundial no presenta desarrollo del arco en uno o en ambos pies.

Es común que los niños tengan “pies planos”, pie inmaduro en formación, con grasa plantar, que enmascara el arco que se está desarrollando y también porque el arco no ha tenido tiempo para desarrollarse por completo, esto es desde que nace hasta los 3-4 años de edad. El arco en los humanos se desarrolla durante la infancia y primera niñez. La ejercitación del pie mediante ejercicios específicos, como andar de puntillas y andar descalzo en terreno irregular, arena, césped, etc. puede facilitar la formación de los arcos durante la niñez, proceso que generalmente se manifiesta entre los cuatro y seis años de edad.

Muchos padres acuden a la consulta del especialista preocupados porque ellos tuvieron en la infancia calzados ortopédicos muy complejos durante muchos años. Por supuesto, que hay que controlar y vigilar el crecimiento de nuestros hijos, pero teniendo siempre presente las variaciones individuales propias de cada persona. Muchos niños con arcos planos a menudo desarrollan arcos normales durante su crecimiento, adolescencia y adultez temprana.

Una vez establecido el diagnóstico de pie plano en el niño, hay que apreciar su intensidad o grado y posteriormente controlar su mejoría o empeoramiento con el paso del tiempo. El especialista en traumatología infantil es quien mejor valorará esta evolución.

Existen diferentes variantes de tratamiento. Pueden diferenciarse tres modalidades fundamentales:
-Tratamiento profiláctico
-Tratamiento conservador (ejercicios, calzado, plantillas, yesos).
-Tratamiento quirúrgico
Cada vez son más los especialistas que se suman a menos conductas ortopédicas excesivas, y al comienzo del tratamiento solo después del tercer o cuarto año de vida.

LUZ EN MOVIMIENTO – una entrevista con Ana María Narvaja Weibel

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Ella es bailarina, coreógrafa, directora artística y profesora de ballet. Nació en Santa Fe, Argentina, y desde el año 1999 se estableció en Tenerife donde prosiguió su carrera profesional con el “Ballet Contemporáneo Santa Fe” que pronto -con la suma de bailarines locales- se amplió a “Santa Fe-Tenerife” .
Ana María Narvaja Weibel tiene un espíritu imparable, y prueba de ello es el lanzamiento de un proyecto personal con su nueva compañía de danza MuvenDanz. Su espectáculo “Imágenes” incita a descubrir un concepto contemporáneo del movimiento donde además coreografía, luces y vestuario (diseñado por la propia compañía) consiguen crear un contrapunto equilibrado con el arte de los bailarines.

Probablemente ella aprendió el rigor y la disciplina junto a su maestro de danza clásica. De su madre conservó el ala amplia donde cobijar a todo lo que sea para cultivar: hijos, marido, alumnos, perro y plantas. De su padre, sobre todo, se quedó con el sabor de la aventura, la espontaneidad y la alegría. Será por eso que Ana María lleva adelante todos sus proyectos con un poco de severidad, bastante disciplina, cariño y arte. martian

Este nuevo proyecto de danza contemporánea es como volver a tus raíces pero con la madurez de la experiencia. ¿Por qué lo bautizaste MuvenDanz?
El nombre es en realidad una especie de acrónimo del movimiento, la danza y lo sonoro del ‘muv’ sin que fuera necesariamente escrito en inglés. Un nombre inventado y original que nos define. Me gusta mucho la letra M, su forma y la ondulación. Para nosotros, en este ballet, la danza es movimiento, no palabra. Los integrantes son todos jóvenes, pero es cierto que yo encaro este proyecto con mucha madurez. Para mí es un modo de encauzar la experiencia con volver a la fuente de la danza contemporánea para mostrarla en su forma más pura. O lo más pura posible, porque este tipo de danza ha sido bastante incomprendida y manoseada. Pretendemos recuperar su esplendor, su esencia. El ballet tiene mucha fuerza y consigue transmitir el concepto. En MuvenDanz participan dos bailarines que antes integraban el ‘Ballet Contemporáneo de Santa Fe’: Eduardo Benítez y Leandro D’Arrigo Narvaja -uno de mis hijos. De la etapa “Ballet Contemporáneo Santa Fe-Tenerife” nos acompaña como bailarina y coordinadora de ensayos Saskya Luis Hernández.

Y tengo entendido que el resto del ballet son bailarinas que han crecido en la danza como tus discípulas.
Sí, son ocho jóvenes bailarinas, alumnas destacadas de la Escuela de Danza de Los Realejos, la crème de la crème.

En la Escuela de Danza de Los Realejos llevas diez años dando clase. Pero hablemos de tus comienzos. Bailarina, coreógrafa, directora artística… ¿cuándo sentiste la vocación?
¡No voy a decir lo que todas dicen: yo danzaba ya en el vientre de mi madre…! (Risas). Empecé a estudiar danza a los seis años y siempre fui muy ‘actriz’ en el colegio, me encantaba destacar. Mis padres me alentaron y me apoyaron incondicionalmente en mi vocación.

¿Alguno de los dos era artista?
No. Mi mamá cantaba en coros y tocaba el piano por vocación, una madraza. Mi papá era una persona extremadamente culta, fue periodista y amante de la libertad. Recuerdo que cuando fui mayorcita (y los tiempos ya eran duros) tuve la oportunidad de postularme para un trabajo en un banco de mi ciudad; … él me dio una charla sobre lo que significaba trabajar como empleada y me dijo: seguro que tú no quieres terminar así. Empecé danza con seis años, pero como viajábamos mucho y nos mudábamos frecuentemente por el trabajo de mi papá, casi nunca tenía la oportunidad de participar en una fiesta de fin de curso del colegio. Para mí fue un drama, ¡con lo que me gustaba el espectáculo! Pero también debo decir que mi infancia fue una aventura constante, con todo lo que viví. A los diecisiete años me decidí a hablar con mis padres porque había empezado a estudiar bioquímica en la universidad y pensaba dejarlo para dedicarme enteramente a la danza. Fue un momento difícil para mí porque pensé que los desilusionaría un poquito con mi decisión. Pero mis padres, lejos de cabrearse, se pusieron muy felices. Ahí sentí lo que significa tener una familia que te apoya de verdad. Y desde ese momento, mi vida fue la danza.

¿Recuerdas cuál fue tu primera actuación?
A los seis años, en el Teatro 3 de febrero de Paraná, bailando una Malagueña. Resulta que la anécdota es muy graciosa porque el baile terminaba con unas vueltas, pero al darme cuenta de lo maravillosa que era mi falda nueva, una campana plato roja con enormes lunares blancos… No me pude contener. ¡La música había terminado hacía rato y yo seguía girando, fascinada, y girando!
Comenzaste a estudiar Danza Contemporánea en el Liceo Municipal Antonio Fuentes del Arco, en Santa Fe, Argentina.
Sí. Con el gran maestro coreógrafo Mario Giromini Droz. Él logró sembrar en mí una pasión por la danza contemporánea que ya no desaparecería nunca, junto con el expresionismo alemán; la misma corriente artística de la que luego viene Pina Bausch.

¿Cuántos años dura la carrera?
Ocho años, lo que pasa es que yo fui dando unos exámenes libres y la hice en cinco. Después conocí a mi segunda gran maestra, la norteamericana Frances Machala, ex primera bailarina del Minnesota Dance Theatre Ballet y casada con un ingeniero químico de Santa Fe. Con ella abrimos mi primera escuela de danza, y digo ‘abrimos’, en plural, porque terminé la carrera junto con mi compañera y amiga Alejandra Klimbovsky y con ella emprendimos también la formación de un ballet. Bajo la dirección de Frances seguimos hasta el ‘85, año en que ella y Alejandra tomaron otros rumbos y yo me quedé a cargo de la escuela.

En el ámbito de la danza la discriminación de la mujer no es tan marcada como en otras profesiones ¿o me equivoco?
No, creo que la danza es considerada más bien como una actividad femenina. Si hablamos de grandes ballets y de la producción de espectáculos, desconozco si se confía más en las mujeres. Pero cuando se trata de llevar adelante un ballet, hay grandes nombres de mujeres que suenan en la historia.

¿Cuál ha sido tu momento más feliz como profesional?
Creo que como directora y artista hay momentos espectaculares que te alimentan el ego, por ejemplo, cuando el público se pone de pie para aplaudir. Como profesora he vivido grandes satisfacciones: he ‘criado’ varias generaciones de niñas -algunas de ellas con problemas de autoestima, con cuerpos que no eran los que la sociedad impone como ideal estético- que se han convertido en jóvenes mujeres fuertes y seguras de sí mismas, estilizadas, con una postura erguida y dominante frente a la vida… Todo conseguido a través de la danza. Esas son cosas que me hacen extremadamente feliz. O cuando me llegan comentarios de los logros alcanzados por ex-alumnos míos. ¡Si hasta uno de ellos me ha seguido hasta aquí, Eduardo, mi pareja de baile! Me llena de orgullo recordar cuando mi hijo mayor Leandro me pidió de chiquito que le enseñara a bailar, y hoy comparte escenario conmigo a nivel profesional. Me hace muy feliz el apoyo y la participación de mi marido Mingo y de mi otro hijo, Eduardo, ambos también ligados profundamente a la música.

Seguramente se trata de prejuicios, pero al parecer siempre es más complicado conseguir que los varones se interesen por la danza.
Sí, ese es un punto clave. Creo que con excepción de Rusia, donde desde finales del 1800 es un orgullo nacional formar parte del ballet, en el resto del mundo es, digamos, vergonzante enviar a tu niño a aprender danza.

A pesar de que en cualquier fiesta es muy valioso saber bailar y saber llevar a la pareja.
Bueno, aquí hay que diferenciar lo que son bailes de salón de la danza clásica. El bailarín clásico, el de teatro que se sube a un escenario, se suele identificar con el príncipe que calza mallas muy ‘marcaditas’ y ejecuta movimientos amanerados, como los que se usaban en la corte francesa de Luis XIV. La difusión de ese estereotipo consiguió que ningún chico quisiera aprender danza, sobre todo en sociedades tan machistas como en las que vivimos. Pero, por suerte, la danza siguió evolucionando y ya a principios del siglo XX se empezó a romper con las estructuras más férreas del ballet clásico; se quitaron las zapatillas de punta y con el enorme aporte de Isadora Dunkan, por ejemplo, ya no será tabú bailar descalza o pretender que un bailarín haga papeles de hombre. Y papeles reales como en ‘La Mesa Verde’ de Kurt Jooss (1932), donde la obra trata del futuro del mundo decidido por los hombres más poderosos de la tierra. Se baila la guerra, la miseria, temas que no se habían tratado nunca antes en el ballet. Esta obra marcó un precedente en la danza contemporánea. Y los protagonistas eran todos hombres bailando como hombres.

Pero si faltan chicos en el ballet, las chicas se disfrazan, ¿no?
No, que una mujer haga el papel de hombre, ni hablar. Si no hay bailarines prefiero preparar la coreografía solamente con personajes femeninos. Mira, cuando -todavía en Argentina- comencé a planificar “Décadas”, hicimos las audiciones pidiendo bailarines y aparecieron cinco chicos que estudiaban en el secundario. El espectáculo tenía lo suyo como para enganchar a los chicos: mucho de los años ‘50, el rock ‘n roll, twist y fox… Se armó tanto revuelo que terminamos haciendo funciones para todas las escuelas. ¡Fue un éxito! Fíjate cómo rompió con los esquemas que el espectáculo fue catalogado de ‘interés cultural provincial’. Ahí cambió la creencia de que los chicos que saben bailar deben ser obligadamente homosexuales.

¿Qué pasó con ellos después? ¿Sabes si siguieron con la danza?
Sí, todos. Como ya te dije antes, Eduardo sigue conmigo desde que nos vinimos a Europa y rearmamos el ballet. De los demás, uno de ellos está en el Ballet Nacional del Teatro San Martín, otro está en Santa Fe, un tercero está de gira permanente por el mundo con un espectáculo y el último se dedicó a la acrobacia circense y la danza en el aire.

¿Con qué realidad te encontraste al empezar a dar clases aquí?
Sorprendentemente, aquí he tenido varios alumnos varones. Creo que la sociedad argentina es mucho más cerrada y machista que la canaria. Te cuento un caso que viví en Argentina: Mucho antes de montar ‘Décadas’ tuve un alumno que bailaba bien pero que no quería que su familia se enterara de que tomaba clases ni de que estaba en el ballet. Para comunicarnos era un problema: no lo podíamos ni llamar a la casa (en aquel momento no había móviles…). Hasta que un día no vino a ensayar. La madre lo había encerrado en una habitación, le había quemado sus mallas y lo tenía amenazado. Eso fue terrible. Después, con ‘Décadas’, muchos de los padres de los chicos se enteraron de que sus hijos bailaban al recibir la invitación para el estreno, pero ahí la experiencia fue muy positiva: asistieron todos al teatro y aquello fue puro elogios y aplausos.

En 1999 llegaste a Los Realejos…
Y comencé una dura etapa cuando decidí empezar a formar la Escuela de Danza porque no existía tradición de que las niñas fueran a baile desde pequeñas. Lo más parecido que conocían era participar en una murga o comparsa. Después de veinte años de enseñanza tuve que aprender a entender una nueva realidad. Para mí fue una experiencia muy enriquecedora y dar clase ahora es un encanto: ves que esas chicas que empezaron tan chiquititas siguen hoy con mucho interés de aprender, que son niñas inteligentes a las que les inculco no sólo la danza sino también mucho de la Historia de la Danza para que logren un buen nivel.

¿Y cómo es la experiencia con los alumnos de Bailes de Salón?
Ah, para ese tema me tengo que poner el traje de gala. ¡Son tantas las satisfacciones que he vivido con el grupo de personas mayores! Empecé primero dictando clases de tango, como buena argentina, pero pronto surgió esa necesidad de poder bailar bien en las reuniones familiares, sin pasar vergüenza. Y empezamos con Bailes de Salón. Tenemos mil anécdotas porque, para como era yo en aquel tiempo, ‘Sangento Z’, a cada rato ponía el grito en el cielo. Un día me encuentro a todo el grupo en un ensayo con un par de botellas de vino y cositas de comer… ¡Ay, Dios mío! Ahora nos reímos recordando esos momentos. O que durante el primer año mis alumnos se horrorizaban de usar mallas de baile, y ni pensar en cambiarse en el mismo vestuario hombres y mujeres, nos veían como bichos raros. Después fueron entendiendo que nadie mira a nadie cuando hay que cumplir con un espectáculo, que los bailarines se ayudan entre sí para volver rápidamente al escenario. Al segundo año, ya les había cambiado el chip totalmente. Recuerdo que para muchos de ellos, que nos habían visto hacer una actuación en algún hotel, su sueño era poder bailar algún día con nosotros. Al principio pensé que sería imposible, pero no sólo llegamos a cumplirles ese sueño, sino que cada vez que actúan sobre un escenario reciben una ovación. ¡Cada vez se fueron animando más! Galas de fin de año, fiestas populares, galas del carnaval… ¡Y son la envidia en las fiestas familiares y bodas!

¿Qué consejo le darías a alguien que quiera comenzar a bailar?
Como amateur o profesional, la danza es una de las actividades de las más completas que existen. Te mima tu desarrollo físico, te cuida y corrige tu postura corporal, espiritual y psicológica. Y digo esto porque cuando te mueves delante del espejo, ese contacto te permite reconocerte. Una persona obesa, por ejemplo, adquiere una sensibilidad para tomar conciencia de su cuerpo, siente la necesidad de estar más delgada o de aceptarse mejor como es. Todo el que quiera hacer una actividad sana con su cuerpo que se apunte en una escuela de danza.

¿Tu mirada hacia el futuro?
Ahora empieza el camino. Deseamos que MuvenDanz empiece a rodar y, a partir de acá, que nos conozcan. Apuntamos a lo más arriba que nos puedan remontar nuestros sueños.

Silvina Ruiz Lingenfelder