Quiero dedicar este artículo y los tres siguientes a uno de los profesores de la Universidad de La Laguna que más luz ha proporcionado a muchos de sus estudiantes, profesionales, colectivos, familias, profesores, instituciones y organismos en general. Me refiero a Don Manuel Segura Morales, profesor emérito de psicología educativa.
Nos extenderíamos excesivamente enumerando su currículum, su biografía y su obra. Basta apuntar su profundo conocimiento sobre las claves fundamentales en las relaciones humanas en torno a la convivencia pacífica. Buena parte de sus méritos ha consistido, por una parte, en trabajar directamente con colectivos desfavorecidos y excluidos socialmente por su conducta (delincuentes, prostitutas, menores de reformatorios…). Por otra parte, ha ido aglutinando los distintos programas elaborados por los mejores investigadores de todo el mundo en este tema y posteriormente adaptarlos a un plan educativo que pueda ser desarrollado por cualquier profesor, educador, padre o madre a lo largo de una serie de actividades bien definidas. El concepto fundamental de su trabajo se basa en la asertividad (defender tus derechos en cualquier situación diaria sin mostrar agresividad hacia los demás). Es una postura personal equidistante de la agresividad y de la inhibición, que serían las otras dos maneras incorrectas de enfrentarse a los problemas personales. O no actúo (dejo pasar) o actúo invadiendo el derecho de los otros (agrediendo).
Una de las partes fundamentales de este programa se centra en nuestra habilidad mental para enfrentarnos a la convivencia. A lo largo de diferentes estudios, se constata que las personas con un alto índice de conflictos sociales (p. ej. delincuentes), carecen de esas habilidades cognitivas. La primera de ellas es la denominada como pensamiento causal. Se trata de la capacidad de conocer e identificar el origen o la causa de las cosas. Los agresivos no preguntan, ni intentan averiguar el porqué de las cosas. Directamente arremeten verbal o físicamente hacia alguien o hacia algo cuando no están conformes. Si entienden que tú les has hecho algo, directamente te insultan o te agreden sin preguntar por los motivos o, simplemente, conocer si es verdad o es falsa la información que tienen. La segunda habilidad es el pensamiento consecuencial. Nos referimos a la capacidad de prever las consecuencias de nuestra propia conducta o la de los demás. Hay muchas personas que no son capaces de anticipar que si hacen esto o aquello ocurrirá algo con total seguridad. Por ejemplo, si insulto a un profesor lo más probable es que me expulse de clase, que llamen a mi familia y que me pongan una sanción. Muchos no tienen esta habilidad, de ahí que reincidan continuamente a pesar de la experiencia acumulada. Actúan y esperan a ver qué pasa. Otra de las habilidades se conoce como pensamiento alternativo y se trata de la capacidad de buscar distintas soluciones o alternativas a un mismo problema, de abrir nuestra mente a diferentes formas de arreglar un asunto. Continuamente oímos y vemos cómo las personas, ante una dificultad, no atienden a razones y se ciegan en una única respuesta, probablemente agresiva. No son capaces de plantearse dos o más formas de enfrentarse a los problemas, de buscar distintas maneras de arreglar un entuerto. Esta habilidad, combinada con la anterior (pensamiento alternativo) evitarían muchos problemas: buscar varias soluciones posibles añadiendo a cada una las consecuencias que tendría aplicarlas. La cuarta habilidad se denomina pensamiento de perspectiva o capacidad de ponerse en la situación del otro. Se acerca mucho a lo que muchos denominan como empatía. De esta habilidad ya se ha hecho referencia en artículos anteriores. Dicen los estudios científicos que quien roba, quien mata, quien viola, quien agrede o simplemente quien insulta o se cuela, jamás pasa por su cabeza cómo se puede sentir o en qué se puede perjudicar quien es objeto de nuestros actos. Por último, la quinta habilidad cognitiva es el pensamiento medios-fin que no es otra cosa que la capacidad de establecer los medios o el procedimiento adecuado para conseguir nuestros objetivos. Se trata de disponer de una meta clara, de saber qué es lo que se pretende, de qué es lo que quiero conseguir y, posteriormente, de poner los medios adecuados para alcanzarlos. Es algo tan fácil como hacer una lista de cosas que me hacen falta comprar y hacer un recorrido adecuado para irlas adquiriendo de manera que tenga que cargar con ellas lo menos posible o dejar lo más pesado para el final. La gran mayoría de delincuentes habituales no tienen unas perspectivas concretas de su futuro, de dónde ir ni de para qué hacen tal y cual cosa. Simplemente deambulan por su medio y sin rumbo claro.
Está claro que si estas habilidades no se entrenan y no se aprenden podemos caer en muchos conflictos interpersonales. Conflictos que pueden encontrase allá donde nos movamos: en la pareja, en el trabajo, en la familia, en las amistades, en la empresa, en el gobierno. … Siempre puede fallar una de estas habilidades.
José Antonio Mesa Hernández
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