Un mes antes de viajar a Dubai compré a través de Internet las entradas que me permitirían subir a la terraza-mirador del Burj Khalifa, inaugurado hacía menos de un año. Allí me encontraba, el día previsto en el edificio más alto del mundo. Con puntualidad nos hicieron pasar justo a la hora que había seleccionado la visita. Primero unos pocos minutos en una sala donde se expone una maqueta del edificio hecha de cristal iluminado. La base de esta gran miniatura está a la altura suficiente para poder tocarla sin tener que inclinarnos. Es un panel informativo digital en el que van apareciendo todos los edificios que en su momento fueron los más altos del mundo señalando el año de construcción y su altura. En todo este juego táctil, el ganador es, por supuesto, el edificio que estamos pisando, el Burj Khalifa, con sus 828 metros de altitud. Toda una proeza, teniendo en cuenta que el record lo ostentaba la CN Tower de Toronto con 553 metros. Está claro que el Burj Khalifa puso el listón muy alto.