|
Su vida es el espectáculo. Él se considera un privilegiado por trabajar en lo que más le gusta: “hacer feliz a los demás.” De entre los muchísimos artistas que contrata y representa sobresalen Marc Anthony, Luis Miguel o Shakira; El Gran Combo de Puerto Rico y Shaila Dúrcal; David Bisbal, Manolo Vieira, En Clave de Ja, Las K-narias, Maná, Ricky Martin, Celia Cruz, Manolo García, Joaquín Sabina; Celtas Cortos, Dover, Orishas, Chayanne; El último de la fila, Alejandro Sanz, Albano, José Luis Perales, Rubén Blades, Oscar de León, Marta Sánchez, Raphael, El Canto del Loco, Pablo Milanés; La Oreja de Van Gogh, Antonio Orozco, Sergio Dalma, Rocío Dúrcal, Nuria Fergó, Los Sabandeños, Espectáculo de Tropicana (Cuba), Parranda de Cantadores, Miami Sound Machine, Braulio, Las Ketchup, Manolo Vieira, Mayelín, Loquillo, Paloma San Basilio, Ana Belén, Víctor Manuel, Miguel Ríos y Joan Manuel Serrat, Mecano, Duncan Du, Sergio Dalma, Billo’s Caracas Boys, David Civera, Vocal Siete, Pitingo, Nena Daconte, El Consorcio, Amaia Montero... Paremos de contar. Señoras y señores, con ustedes:¡Cándido López!
Viene a Los Realejos siempre que puede, y con más razón si hay fiestas populares. Cándido López es director y máximo responsable de Producciones Oye, la renombrada empresa organizadora de eventos musicales. Nos encontramos en la plaza de San Agustín. Es 22 de enero y casi todo el mundo está en San Vicente, el barrio realejero que festeja a su patrono. Tendremos a Chago Melián con músicos invitados presentando su espectáculo “Al Emigrante”. Cándido, te vimos aparecer caminando por la vereda y, de las cinco personas que están en la calle, con las cinco te paraste a charlar. Eres una persona muy conocida... Sí, todos me conocen y conozco a casi todos. Mi familia viene de La Longuera, pero San Agustín significa mucho para mí, porque aquí vivimos durante mucho tiempo, en mi época de colegio. De hecho, mi madre sigue viviendo aquí, en Los Realejos. ¿Y el resto de tu familia? Somos tres hermanos y yo soy el mayor; nos llevamos pocos meses entre nosotros. Mi hermano, el que me sigue, fue siempre mucho más aventurero que yo; anduvo por la Costa Brava, viajó bastante... y luego volvió para quedarse aquí. Ahora trabaja conmigo en la empresa. Mi hermana es la más pequeña, es médico y está entre Madrid, Santa Cruz y Coimbra (Portugal), porque por allí viven sus hijas. ¿Y tu padre? Cuando yo tenía quince años mi padre murió de cáncer de pulmón, un cáncer muy ingrato con metástasis. Habrá tenido unos cuarenta y siete años... En aquella época, imagínate, vivir era muy difícil. Hasta ese momento teníamos en La Longuera lo que empezó como una venta y se convirtió en supermercado. Cuando mi padre enfermó, para nosotros fue imprescindible traer casi a diario a un médico de la clínica La Candelaria para que lo atendiera. Al supermercado, luego, se lo comió la enfermedad de mi padre. Entonces, mi madre decidió que nos viniéramos a San Agustín. Yo pasé a estudiar en el Colegio de San Agustín, pero al tiempo empecé a trabajar por las tardes en la agencia de Viajes Insular. ¿Y cómo se las arreglaban, faltando tu padre? Bueno, entre lo que aportaba yo, otro poco mi hermano -que al tiempo también empezó a trabajar- y un subsidio pequeño que dejó mi padre. Y pensar que él tenía una aspiración: deseaba que yo llegara a ser médico. Pero el turismo estaba en plenitud y se ganaba mucho dinero. Con decirte que se ganaba más con las propinas que con el sueldo. Y era divertido también: Buscábamos habitaciones para los turistas, con el clásico cuento del pobre canario que no tenía dónde alojarlos y después, sí… De todos modos, siguiendo el deseo de mi padre, nos mudamos a La Laguna donde mi hermana estudió la carrera de medicina. A mi madre le encantaba la vida del estudiante. Y a mí también me gustaba muchísimo La Laguna… ¡era descubrir algo tan diferente a lo que yo había vivido hasta ese momento! Te quedaste entonces en La Laguna... Yo seguí muy vinculado con la vida de Los Realejos. Me acuerdo, siendo muy jovencito, que se hizo una marcha olímpica, que además fue la primera televisada. Participaron atletas, jugadores de fútbol y baloncesto… Fue un acontecimiento. En aquella época, Elpidio Hernández Toste fue nombrado alcalde de la Villa de Los Realejos y él quería que yo participara como concejal en el ayuntamiento... Pero no me decidí. Yo ya me perfilaba para presentador. ¿Y cómo fue eso? Yo soy olvidadizo, pero calculo que tendría 17-18 años. De la fecha sí me acuerdo bien: Era Reyes o víspera de Reyes. En el Casino se festejaba con unos actos culturales… Esa noche entramos a la sala de actos con mi novia de entonces, y al parecer el presentador no había llegado. Entonces Don Elpidio -que ya sabía que yo me dedicaba a hacer crónicas de fútbol- me cogió por el brazo, me condujo al centro del pasillo y dijo: ¡Ya llegó el presentador! Y aplaudió, contagiando a los demás. Y venga. Creo que así empezó mi carrera como presentador sobre los escenarios. ¡Te señaló la vocación! Sí, así fue. De Elpidio guardo muy buenos recuerdos. Eran tiempos en los que la democracia no había llegado. ¿Cómo se elegía al alcalde? El alcalde se designaba por un comunicado de la Gobernación Civil y no debía cumplir ningún requisito especial. Lo de la afinidad con el régimen, ¡es que no había nada más! Yo creo que todos convivíamos, cada uno en lo suyo. Mi abuela, por ejemplo, era comunista cerrada. Pero yo, como niño, no tenía idea de nada. Sé que ella escuchaba la radio de onda media en un rinconcito de la casa, donde ningún vecino pudiera oírla. Era peligroso... También recuerdo que la ayudaba a recoger las papas del terrenito de La Carrera. Con el tiempo me di cuenta de que mi abuela repartía su cosecha sin decir nada. Y cuando murió, teniendo yo unos 23 años, vino mucha gente a dar el pésame. Allí descubrí la dimensión de esa mujer: Mi abuela era una persona muy auténtica. El régimen franquista debe haberles causado mucho sufrimiento, ¿no? No. Yo por lo menos no lo viví. Algo escuché de mi abuelo materno, que se lo habían llevado, pero no pasó nada. También es que era un tema tabú y los niños no participábamos. Claro que en la escuela nos hacían cantar el “Cara al Sol”... Yo nunca me olvidaré de eso, que si te olvidabas te daban un cachetón que... Cuando pasamos a la democracia nos enteramos de muchas cosas. Pero yo debo reconocer que nunca he tenido ningún problema por cuestiones políticas. Yo recuerdo más la vida en comunidad en Los Realejos; la plaza, las fiestas del Carmen, el equipo de fútbol, los amigos de aquella época -amigos que aún hoy conservo. La vida era preciosa. Casi a diario nos encontrábamos por la tarde en el Casino, a tomar un vino de Santa Bárbara, a jugar a las cartas... ¿Te tocó la mili? (Suspira resignado.) Sí. Y me marché al cuartel. No hizo falta que nadie me dijera dónde me tocaba, ya sabía que mi destino iba a ser el peor posible. Pues me tocó África. No es por pesimismo, pero siempre me sucede así: si hay algo que se sortee, a mí siempre me sale lo peor. Viví todos los acontecimientos en El Aaiun, cuando la gente de Marruecos bajó a la frontera, la Marcha Verde... La gente saharaui se dirigía a nosotros y nos gritaba: ¡Fuera canarios, fuera gallegos! Una prueba de que tanto nosotros como aquellos éramos los que más andábamos fuera. Siempre lo recuerdo. Ahora el tema se puso de nuevo de moda, con lo de Haydar. Yo vi allí sufrimientos terribles. Una vez me puse como voluntario para tirar la basura, los restos del rancho que quedaba del ejército… No sé ni por qué lo hice. Ahí estaba, en el desierto, mientras la gente se arrastraba, se caían unos encima de otros para coger cuatro mendrugos de pan. La pobreza era extrema. Yo creo que España -como otras potencias cuando ocupan un lugar que no les corresponde- explotan a los pueblos. No los ayudan, no los crean, no los unen. Es una pena… Bueno, pues así te cuento toda mi vida. ¿Qué te significó esa experiencia? ¿Tú quieres que yo te diga una cosa, así, sinceramente? Me jodió la vida. Yo tenía todo encaminado: mi trabajo en la agencia de viajes, tenía la oportunidad de aspirar a un puesto de dirección o de jefe de departamento... Ya llevaba tres años como comentarista deportivo de Radio Popular, me había pasado a Radio Juventud de Canarias, tenía posibilidades de entrar en Radio Nacional… ¡Y me cortó las alas! Vamos a tomar un café y me cuentas de dónde te nació la vocación de comunicar. La vocación. No lo sé realmente. Creo que fue una cosa innata. Desde niño no tenía vergüenza. Siempre estaba activo, me encantaba hacer teatro. ¿Mi vocación?... Una cosa fue llevando a la otra, pero sigo sintiendo que nací del pueblo, porque una vez me subí a un escenario o porque me empujaron. En tu vida profesional la radio juega un papel muy importante. Mis primeras experiencias fueron en Radio Popular. Santiago Palmero García -que firmaba como Sampalgar en “La Jornada Deportiva”-, era comentarista. Creo que él quiso dejar el trabajo, pero no lo sé exactamente. Nos conocíamos bien porque en la trasera del supermercado que teníamos en La Longuera se celebraban las copas de los partidos de fútbol. Él me ofreció hacer los comentarios y yo acepté. Por entonces la rivalidad entre los equipos de fútbol era mucha. ¡Los encuentros Realejos-PuertoCruz, Puerto Cruz-Orotava eran como hablar de un Madrid-Barcelona! El campo de Realejos podía albergar como a dos mil personas y se llenaba. Era algo exagerado. Pero el fútbol no era suficiente... Al cabo de tres o cuatro años se me hizo muy repetitivo comentar los partidos: las mismas jugadas, que si el balón, el esférico... Entonces yo busqué otra historia, más vinculada a los artistas. Hice una sustitución por un mes en Radio Plus de Canarias, (que luego fue Radio Juventud y después, la Ser) junto a un señor, Juanito Flores, que tocaba el piano y los chiquillos que venían a la emisora a cantar con él... Poco después se inició Radio Cadena Española -que luego pasó a ser Radio 3- y allí hice un programa del que no recuerdo el nombre; era sobre turismo en Canarias. Otra de mis pasiones fue el ciclismo en vacaciones. La afición en Tenerife siempre fue grande. Me monté una historia de mucho cuidado, con mi caravana, mis chicas de Winston, tres buggies... Estuve unos cuantos años entre esas dos facetas... Después seguí en radio con “Parranda Canaria” con Domingo Barbuzano. Más tarde me ofrecieron abrir Radio Realejos. Todos sus locutores fueron “mis niños de la radio”. Estuve como doce años haciendo “Patio Canario”, sobre costumbres y tradiciones; luego hice un programa dedicado al bolero, con poemas y cartas de radiooyentes. Probé la televisión también, pero no me gustó tanto. ¿Cómo pasaste de presentador a representante de artistas? Es tan simple la cosa que la gente no lo entiende. Fue pasando. Se pensaba que yo conocía a todos los artistas: Yo presentaba la mayoría de las fiestas en el norte, pero también llamaba por teléfono, buscaba información, contactaba con unos y con otros y contrataba. Me constituí como el presentador oficial porque siempre estaba ahí. La agencia de eventos surgió como una necesidad de cambiar de aires, después de mi divorcio. Y entonces, de casualidad, encontré a un amigo maravilloso y entrañable. Nos conocimos cuando él, que llevaba las fiestas del sur, quiso entrar en el norte y se encontró conmigo. Pues nos pusimos de acuerdo, nos dimos la mano y pa’lante. A los pocos meses estábamos trabajando como socios de una empresa que creció muchísimo, tanto que tuvimos que dedicarnos en exclusividad. Y así fue que conseguimos contratos espectaculares, de primera clase. Tu productora trajo a Michael Jackson en 1993 a Tenerife, y esa fue la única actuación de toda su gira europea. ¿Es el espectáculo más importante de todos los que hayas organizado hasta ahora? Si me preguntas a mí -como me estás preguntando- te diré que fue el más mediático. Claro que marcó la vida de Oye. La vinculación turística con Tenerife fue tremenda. Pocos días antes esto era un mundo de gente, nos vimos en el muelle de Santa Cruz con 65.000 espectadores, con una infraestructura impresionante... Llegaban barcos y aviones, que no sé ni dónde los aparcaban... Yo a Michael Jackson ni lo vi. Pero sí vi cómo armaron el escenario: cuadrillas de gente con monos de distintos colores, los de azul ponían unos cables, los de rojo ajustaban los tornillos,... armaron todo aquel monstruo en unas horas. Y cuando terminó el concierto, la gente estaba saliendo y ellos ya iban desarmando la mitad. ¡Dioses! ¡Qué experiencia! Pero creo que hemos hecho cosas muchísimo más importantes que ese show de Michael Jackson. A mí me gustan los espectáculos más cercanos, donde te sientes protagonista. Por ejemplo, “El gusto es nuestro” el de Ana Belén, Víctor Manuel, Joan Manuel Serrat y Miguel Ríos. Ahí viví hasta los cabreos del artista, cuando tenía que organizar las entradas al escenario para que no se cruzaran, o ponerlos en coches diferentes porque se habían peleado entre ellos... y ¡con un éxito de llenar estadios enteros! Otra experiencia gratificante fue el espectáculo de Marc Anthony. Organicé toda la zona VIP para alcaldes y personalidades, y me fui con los de Cruz y Raya, a un costado a disfrutar del show y a reírme con ellos. ¡25.000 espectadores! Eso en el Muelle. ¿Qué tipo de espacio falta en Tenerife para acoger un espectáculo de gran envergadura? Tenerife necesita una sala para albergar por lo menos a cuatro mil personas. Las infraestructuras que hay (como por ejemplo, el Pabellón Santiago Martín, conocido como “la hamburguesa”) no tienen sonoridad ninguna para la música. ¿Guardas anécdotas de algún artista que con sus caprichos te volviera loco? Nunca es para tanto, no. Pero hay cosas graciosas y extrañas. Por ejemplo, Mónica Naranjo. Va subiendo al escenario y me dice: Cándido, no tengo mis pastillitas de goma. Si no las tengo, no subo. Y el público a los gritos: ¡Mónica, Mónicaaa! Mandé un chico con moto a la Plaza España para comprar gominolas en un carrito, que a esa hora era lo único abierto. O cuando vamos a sacar a José Vélez -ese sí que es maniático- y me dice que no sube porque tenía una arruguita en el pantalón. Ahí me ves tú, corriendo a buscar una plancha por el vecindario... O los Maná, que se hacían traer su propio tequila para toda la gira, porque aquí no había quién lo conociera. Te aseguro que te tomabas una copita así de tequila ¡y te inflamabas! Era exagerado. A Ricky Martin había que llevarle una cesta de frutas, pero no una normal, sino una que le decoraba un tipo y se la llevaba al Bahía del Duque... Pero ni siquiera con Jennifer López, ni con otros grandes... Venga... Hombre, sí, pero hay cosas que no quiero contar. (Risas). ¿Qué te significa hoy tu profesión? A mí me encanta servir a los demás. Yo espero la satisfacción de la gente y me siento más feliz que nadie cuando un espectáculo sale bien. ¿Y qué cosas no te hacen feliz? Cuando me llegan proyectos que entiendo se deberían apoyar y no se apoyan. Yo me ilusiono muy rápido y sufro. Ahora mismo tengo quince proyectos y sé que me aprobarán sólo tres. Pero no pierdo la ilusión: ésta es mi vida y creo que no sabría vivir sin este trabajo. ¿En el mundo del espectáculo la competencia es feroz? Yo creo que es bueno que exista la competencia. Es cierto que la calle está muy mal, pero nosotros no hemos tenido nunca problemas con otras agencias. Yo ya pasé de eso. Nos diferenciamos porque no vendemos artistas, sino proyectos. ¿Has contratado algún grupo o solista que haya sido tu sueño de niño, así, por darte un gusto? Bueno, Manolo García me gusta muchísimo... Por la amistad tan grande que tengo con Michel Camilo, cada concierto es un placer. O los momentos con la familia Valdés, con Bebo y Chucho; o mi querido amigo Joaquín Sabina, con quien hemos vivido junto a Pablo Milanés empachadas interminables de canciones, aquí, en Madrid... ¿Tú también cantas? No, yo no. Yo no canto naaa. Pero entiendo que soy un privilegiado de poder compartir y contar todo esto, de tener la suerte de poder acercarme a todos esos artistas y descubrirlos como personas. Eso no lo puede contar mucha gente. Dices muy seguido eso de sentirte un privilegiado... Es así. Mira: Hace cosa de unos años pude cumplir el sueño del padre de mi amigo Valentín; tenía una enfermedad incurable y quería poder hablar con Los Panchos. Yo los conozco y somos amigos desde la primera gira que ellos hicieron, por los ‘60. Hicimos una cena en Tacoronte y Los Panchos cantaron las canciones con las que los padres de Valentín se enamoraron. Fue muy emotivo. Desde ese día siempre he tenido una “magua” (ganas) muy grande de no haber podido cumplirle un deseo a mi padre. Su ilusión, la ilusión de su vida hubiera sido conocer a Lucho Gatica, el que canta El Reloj. ¡Y yo se lo hubiera podido regalar a mi padre! Él me faltará toda la vida... Dan las campanadas de las 6 de la tarde. ...Como estamos tan cerquita los recuerdos me vienen fácil. Hace como veintipico de años que empecé a hacer espectáculos aquí, enfrente. Recuerdo que presentamos Mocedades con un equipo Pinson, de los tiempos de la guerra, eso era lo más malo del mundo. ¡Y se hizo! Hoy en día, hasta yo protesto por el micrófono que me ponen a mí... Otra vez, por ejemplo, siendo yo presidente de las fiestas del Carmen estuvo la cantante María Ostiz. En esa época ella venía de ganar el Festival de la Canción O.T.I. con el tema “Canta cigarra”. Era la señora del futbolista Ignacio Zoco, jugador internacional del Real Madrid. Cuando estaba cantando la segunda canción se fue la luz. Y no hubo manera. ¿Sabes qué hizo ella? Pues sacó la guitarra y se puso en el centro de la pasarela y me dijo: -mira, Cándido, tú no te preocupes.- ¡Fue precioso! Y la complicidad fue tal, que al día siguiente Zoco entregó los trofeos del fútbol-sala y se quedaron una semana paseando, disfrutando de nuestras tascas... Antes de irse, María dejó en el libro de honor del Casino una frase escrita que dice: “El mayor tesoro de la humanidad es la amistad”. Suelo utilizar muchas veces esa frase sobre el escenario, porque llega al corazón del público. Y seguro tienes muchísimos buenos recuerdos de grandes artistas... Sí, muchos, pero los recuerdos más agradables son de los que yo llamo “mis niños, mis artistas”. La gente de nuestra tierra que ha crecido como profesional conmigo. Los que están y los que se han perdido en el tiempo. Chaguito Melián, Jaime Marrero, gente a la que represento desde que empezaron. Debe ser difícil trascender como artista, llegar a ser reconocido. Dar el salto, conquistar otras comunidades es complicado. Requiere mucho sacrificio y no todos pueden. Además el canario es tan apegado a su tierra, mi niña... Si hasta le cuesta salir del Realejo ¡para ir a trabajar a La Laguna! Sin embargo, en los últimos años Las K-anarias, por ejemplo, se revelaron como representantes de las islas en el exterior. Sí, es cierto. Pero ellas dejaron todo detrás y ahora están abriendo mercado en Puerto Rico y México, con gran éxito. ¿Cuál es la historia de las K-narias? Pues... (a modo de confidencia): Un artista amigo me insistió un montón para que las dejara subir al escenario, cuando estábamos haciendo el Reggaetuning 2004, un festival con las figuras más grandes del reggaeton. Y me presenta a dos chiquitas gorditas gorditas, que venían haciendo publicidad con unas camisetas. ¡Dele Don Cándido, que suban a bailar un ratito…! Tanto me insistió, que me ablandó el corazón. Y sólo dejarlas subir, Don Omar las descubrió, les hizo una propuesta y ellas la cogieron. A los dos meses habían bajado no sé cuántos kilos y nos fuimos para Puerto Rico. Allí hicimos una serie de canciones con los más grandes del reggaeton, cambiamos el sentido de las letras machistas para que las interpretaran las chicas, cantaron en el Madison Square Garden, que allí no llega cualquiera... ¡Qué historia! Claro, cuando hay talento... Sí, y también intuición, carisma... A nosotros nos llama la atención la musicalidad de la gente canaria. Sí, aquí hay gente maravillosa que ejerce una función social y cultural a través de las rondallas, las orquestas, las murgas... Pero para ser solista hay que tener algo más que buena voz. Todo el mundo quiere cantar, y todos querrán ser periodistas o fotógrafos pero, oiga: para ser profesional hay que aprender. Un artista además de dar bien la nota, tiene que saber bailar, saber moverse sobre el escenario; dominarlo, porque sino el escenario te come. Si alguien que no te conoce te preguntara ¿qué es lo que haces? ¿Qué le contestarías? Le diría que trato de hacer feliz a la gente. ¿Qué es si no el espectáculo? Con eso cumplo con el objetivo de mi vida. Y eso paga algunos sinsabores que también tiene la profesión. |