CREPÚSCULO, o el soliloquio de un maltratador - por Camy Domínguez

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“La sensación de encierro no depende del aire libre que podamos respirar sino de nuestra actitud interna que nos conecta con la Naturaleza como inseparable prolongación”

-¿“Ya no eres la rima de mis poesías”? ¿Qué habrá querido decir la Sole? -El reloj en su muñeca marca las seis y veinte cuando el sol comienza a ocultarse en la serenidad de un horizonte anaranjado. Sentado en una roca de la orilla, Manuel escucha el martillo de su propia conciencia golpeándole las sienes, mientras la espuma del mar le acaricia distraídamente los tobillos hasta mojarle los bajos de los vaqueros raídos- Seguro que la muy zorra tiene a otro que la rima mejor que yo. ¡Sí, señor! ¡Eso es lo que le pasa! Ese amigo, el profesor de Graduado, ¡ése tiene que ser! Lo ve todas las tardes, el muy pájaro, que lo que quiere es beneficiársela. ¡Pero nada, ella encantada de la vida! ¿A qué viene tanto enviarle poemas a una mujer casada, el marrano ese? El lunes pasado seguro estuvo con él, porque traía otra vez ese brillo en los ojos y la peste a colonia de hombre que tira para atrás. ¡Claro! ¡Ja! Y luego me dice que fue a la compra. ¡A la compra, no! Esta tía se cree que yo soy imbécil. Tampoco sé qué le vio a ella ese subnormal. Si se ha vuelto una foca vieja… Con las caderotas que tenía antes de tener a la niña y lo bien que le quedaba una minifalda... ¡¡¡Pero noooo!!! La señora se antoja en quedarse preñada. ¿El instinto maternal? ¡Y un cuerno! Total, si los hijos no dan sino quebraderos de cabeza… Y ahí uno todo el santo día fuera para ganar un jornal y alimentarlas. Si es que todo son problemas. Y el jodido patrón… venga a exigir que trabaje unas horas más, para luego no pagar sino una miseria. Y la burra esta… ¡me lo recuerda a todos momentos! Siempre con la lloradera: que si está sola, que si me merece la pena trabajar tanto para lo que me pagan… Y luego si salgo a echarme una cerveza, ¡oootra vez la maldita cantinela!: que si vengo borracho, que si no le cuento dónde he estado ni con quién… Y claro, la niña, la pobre, que se ha tenido que tragar tanta discusión, así salió. ¡Ahí la tienes a la niña! ¡Igualita que la madre!: ¡¡Una cualquiera!! Pero al menos la niña tiene posibilidades, lo cual a ella una minifalda de ésas le sienta como una patada en un ojo, que ya se lo he dicho yo, que se ponga algo más acorde a su edad. ¿Adónde va a ir ella, con casi cuarenta años a las espaldas, con una minifalda? ¿Y para qué? Si me quisiera como Dios manda, no andaría por ahí provocando a los tíos. Ésos serán los consejos que le da la amiguita, la fulana esa, que le llena la cabeza de palabrerías. ¡Y ahora encima quiere un coche la señora! Y es que primero le hace caso a la amiguita antes que a mí, cuando ésa lo que quiere es ponerla en mi contra. Ya le dije que si me quería tenía que pasar de ella. ¡Pero noooo! Ella erre que erre con la amiguita con tal de llevarme la contraria. ¿Para qué coño quiere ella un coche ahora? ¿Qué sabe ella de coches? Que se saque el carnet no quiere decir que tenga que conducir, mecagüentó. Entonces, por esa regla de tres, cuando se saque el graduado va a querer irse a trabajar a una oficina. ¡Sí, hombre! ¡Lo que faltaba! En la casa mando yo y si en la casa mando yo, ¿por qué tengo yo que estar para ayudar en la casa? ¡Que lo haga ella, hombre, que para eso es la mujer!, ¿no? ¡Ni que yo fuera un marica, ahora! ¡Si es que ya uno no va a poder ni salir a echarse unas cañas con los amigos…! ¿Y que yo lo que quiero es saber todo de ella? Pues claro que sí, normal. Si ella es mi mujer, ¿no tengo derecho a saber lo que hace y lo que piensa? ¡Pues estaría bueno…! Pero compadre, ella se lo ha buscado, porque si me voy a un abogado que me dé la razón, ella tendrá que volver al nido. ¡Ya sé lo que voy a hacer! Le mandaré un mensaje que diga que si no me quiere me voy a cortar las venas. Eso la hará reaccionar. Si es que ya le he dicho que yo he cambiado y que la única que puede entenderme es ella… Si yo sé que sin mí tampoco podrá ir a ninguna parte… Si no sabe hacer la o con un canuto. ¿Quién le va a decir cosas tan bonitas como las que yo le digo?

Sin percatarse de que ha anochecido y la marea ya le llega a la rodilla, teclea apresuradamente en el móvil con los dedos nerviosos. Se para. Revisa. Se enfada. Borra. Vuelve a teclear. Envía. Espera. Pasan los minutos y no recibe respuesta.

-¡Joder! ¡Contesta, zorra! ¡Mándame un jodido mensaje ya!– Con las facciones endurecidas por la rabia, lanza el móvil con todas sus fuerzas contra la suave espuma adormecedora del mar, que lo engulle muy lentamente. Al otro lado de la ciudad, en la jefatura de policía, el inspector Fuentes mantiene el auricular al oído mientras hojea el expediente del siniestro ocurrido esa misma mañana en el domicilio de doña Adoración del Cordero Blanco, la abuela Dora. Al quinto tono se escucha la dulce monotonía de una voz de mujer: “El teléfono al que llama está apagado o fuera de cobertura”.

Camy Domínguez