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Cada día podemos ver en la tele series como CSI, donde científicos de bata blanca ayudan en sus pesquisas a la policía mediante pruebas balísticas o autopsias. Si en una de ellas apareciese alguien capaz de determinar la flora y la actividad humana de hace miles de años mediante las cenizas de una hoguera milenaria ¿lo creería?
María del Carmen Machado Yanes es doctora en Geografía-Historia y su línea principal de investigación es el uso de la antracología en el Archipiélago canario, para evaluar cuales fueron los efectos del hombre sobre el medio insular. Como ella misma cuenta “en un yacimiento arqueológico se recogen numerosos restos, entre ellos cerámica, huesos, semillas y carbones. Mi trabajo es identificar la especie botánica, el árbol, del que procede cada carbón, con este trabajo se puede reconstruir el Medio vegetal, el bosque que existía en los alrededores del yacimiento en una época determinada. Cuando se analizan varios estratos, varias épocas de un mismo yacimiento se pueden ver cambios en el bosque y se puede determinar si estos cambios proceden de actividades humanas (deforestación, fuego, pastoreo) o de un cambio climático, como por ejemplo un aumento de la sequía.” Carmen ha desarrollado investigaciones en Canarias, en Alicante y en Francia. Su método de trabajo, en sus propias palabras, “no difiere del trabajo de un arqueólogo. Las técnicas utilizadas durante el proceso de excavación son comunes. Aunque, es evidente teniendo en cuenta la fragilidad de las muestras, que los antracólogos son muy rigurosos a la hora de manipular y recoger los fragmentos de carbón, porque esa es la única manera de evitar nuevas fragmentaciones que puede llevar a errores interpretativos.” Su interés inicial por los estudios de Geografía e Historia motivado por “conocer mis raíces, por descubrir nuevos espacios, nueva gente. De una necesidad fundamental que es la de intentar conocer y comprender el mundo en el que vivimos” y su acercamiento, prosigue, “casi casual a la antracología, tras la lectura de unos artículos sobre el método antracológico, sus resultados y aplicaciones durante la realización de mi proyecto de tesina” la llevaron “a un primer contacto con el equipo de antracología de la Universidad de Valencia y luego al Instituto de Paleoenvironnement de l’ Université de Montpellier (Francia), para finalizar leyendo mi Tesis doctoral en la Universidad de La Laguna en 1994”. Posteriormente, gracias a la concesión de una beca post-doctoral dentro del Programa Capital Humano y Movilidad de la C.E.E. se trasladó a vivir a Montpellier. Ahora vive entre su domicilio natal en Los Realejos y Francia. Aclara que “las numerosas dificultades y la falta de apoyo encontrado en las instituciones públicas canarias han hecho que desde el año 2003 ejerza como antracóloga independiente. Eso quiere decir, que no tengo ningún proyecto personal referente a la antracología. Mi trabajo esta supeditado a proyectos de investigación públicos o privados donde se requiere mi intervención, como experta en esta disciplina.” Carmen no sólo ha investigado las islas desde su especialidad, arrojando resultados sorprendentes como la identificación de viñátigo (Persea indica) en la cueva de Villaverde, en Fuerteventura, un taxón que forma parte del cortejo florístico de la laurisilva; ahora, con la publicación de su libro “Del Tabobo y el Mirlo al negocio inmobiliario”, aborda etapas más recientes de nuestra historia. Un libro, explica, “escrito para divulgarse, para trasmitir un legado valioso y efímero la transmisión oral, los recuerdos. También para trasmitir la memoria de un pueblo, de un paisaje. Mis pretensiones no son literarias, ni políticas; como ciudadana libre, he querido rendir homenaje a mi gente; a nuestra gente, a los vecinos del barrio Toscal-Longuera y de tantos otros barrios de la isla de Tenerife y del Archipiélago canario que con ellos se identifiquen. He querido rescatar para las generaciones futuras unas páginas de la historia reciente de una familia y de un barrio de la costa de Los Realejos que ayer fue un vergel y hoy esta rodeado de huertas abandonadas y bloques de cemento. A aquellos que digan “pa’ qué sirve contar todas esas viejas historias”, “pa’ qué sirve mantener esas huertas, esas atarjeas, esas gañanías; pa’ qué mantener las plataneras, si ya no dan nada”... Yo respondo que el que desconoce y niega su historia avanza a ciegas, a tropezones. Mi deber como ciudadana; también como historiadora, era aportar mi ‘granito de arena’ para que parte del legado de nuestro pueblo perdure. Si escribiendo este libro he conseguido despertar el interés por la lectura, por la historia; si he conseguido hacer revivir en algunas páginas de nuestro pasado y he llevado a algunos lectores a reflexionar sobre el presente y sobre las mejoras que deseamos para nuestras Islas en el futuro, me siento satisfecha.” Pantaleón Hernández Rodríguez
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