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Seguimos hablando de Tokio. En Tokio todo es nuevo. En la Segunda Guerra Mundial los americanos bombardearon la ciudad hasta dejarla en el suelo raso. La campaña de bombardeo continuó de una manera incruenta. Por eso en Tokio todo es moderno. No tiene casco antiguo, no hay ninguna construcción anterior a 1945. Si algo parece antiguo es reconstruido.
Sabiendo esto, parece imposible que este pueblo, diecinueve años más tarde, en 1964, celebrara unas Olimpiadas. Esos juegos Olímpicos fueron un reto para los japoneses y lo superaron “Cum Laudem”. Además estrenaron el Tren de Alta Velocidad, el “Tren Bala”. Hasta hace algunos años, era el tren más rápido del mundo, y presumen de él diciendo.. “...hasta el día de hoy no ha tenido ningún accidente...”. Ese año, durante las Olimpiadas, el primer tren bala salió de la estación de Tokio, y fue el símbolo de la recuperación económica y de la futura importancia internacional de Japón. Pude disfrutar de un largo trayecto en el tren bala, desde una estación próxima al “Fuji-Hakone-Izu National Park” hasta la ciudad de Kyoto, y comprobar así su puntualidad, la comodidad de sus asientos, la gran velocidad con la que se desplaza y la estabilidad que mantiene. Fue un placer hacer este recorrido contemplando, además, bonitas vistas. Intentar orientarse en Tokio como en cualquier otra ciudad con un plano en la mano mirando el nombre de las calles y el número de los edificios es una tarea imposible. Las calles de las ciudades japonesas (con alguna excepción), no tienen nombre, tampoco tienen una numeración uniforme. En una manzana, los edificios pueden estar numerados siguiendo el orden en que fueron construidos, por tanto, no hay quién encuentre una dirección sin otra referencia. Las direcciones suelen estar escritas señalando la zona de la ciudad, luego el barrio o los diversos distritos, después viene la manzana principal, la manzana menor y por último el número del edificio. Suele ponerse como referencia algún edificio importante que esté cerca. Total, un lío incluso para los japoneses. Lo más fácil es coger un taxi y enseñarle un plano, una tarjeta o algo escrito que indique dónde deseamos ir. Si cogemos el metro hay que anotar el nombre de la estación a la que queremos llegar. Aquí no hay problemas porque las estaciones están muy bien señalizadas con letreros doblemente escritos en japonés y en letras romanas. Es sólo cuestión de no confundirse o no olvidar el nombre del destino que nos interesa. Los horarios se cumplen rigurosamente y los trenes y las estaciones están impecables. Los edificios de Tokio, igual que todas las construcciones del país, están construidos aisladamente, sin paredes medianeras. Siempre hay una separación entre una edificación y otra, puede ser de varios metros, un metro o incluso menos, pero nunca se unen. Es una medida antisísmica que llama la atención visualmente. Resulta curioso ver cada edificio por separado, todos tienen sus cuatro fachadas libres, aunque tengan dos o tres de ellas muy cerca de otras. Una vez que uno se fija en ello empieza a encontrarle ventajas. Si hay un movimiento de tierra, esto ayuda a mantenerse más firme porque un edificio no empuja al otro, además, todas las fachadas tienen ventanas, por tanto hay más luz y ventilación, si se decide tirar o rehacer un edificio, no habrá problemas de afectar la estructura del vecino. En fin, algo tan sencillo y que supone tantos beneficios. Los distintos distritos de Tokio tienen su ambiente propio: Shinjuku Oeste es la zona administrativa y comercial, posee rascacielos altos y modernos, cerca de 250.000 personas acuden aquí todos los días para trabajar. Shinjuku Este es la zona de la noche. Aparte de bares y locales de todo tipo hay infinidad de luces de neón y pantallas gigantes que ocupan fachadas completas de edificios. Es un espectáculo de luces de colores y de imágenes cambiantes que se extiende por muchas calles. Un paseo nocturno por este distrito impresiona a cualquiera, todo son luces, colores, letreros que se apagan y se encienden, suben y bajan, es toda una exhibición de su dominio de la electrónica luminosa. Shibuya es la “ciudad del ocio”, aquí hay tiendas y bares de moda, restaurantes, centros culturales donde hacen conciertos de todo tipo, museos... es el reino de los jóvenes, aquí está todo lo que ellos buscan. En sus calles pueden verse adolescentes vestidas con sus modas atrevidas, extremadamente originales. Antes de fotografiar a algunas de ellas les pedí permiso para hacerlo y me respondieron “¡yes, no problem!” y posaron encantadas y orgullosas de su imagen. Ginza, es la zona más cara y elegante. Aquí están las tiendas de grandes marcas, restaurantes de lujo, tiendas de telas que son auténticas obras de arte, cafeterías refinadas donde puedes encontrar señoras vestidas con sus exquisitos kimonos de seda pintados a mano... El refinamiento japonés sobrepasa generosamente al occidental. Por supuesto es una apreciación personal, pero el buen gusto en ese país lleva consigo ligereza, sencillez y serenidad que lo hace doblemente bello. A esto hay que añadir el encanto de sus habitantes, la delicadeza de sus movimientos, de sus saludos, el volumen bajo al hablar, el respeto a las normas y al orden, la ausencia de gestos bruscos, gritos o risotadas... todo es sereno, limpio y sencillo, en equilibrio. En este distrito está el teatro Kabuki, donde se representan obras que nada tienen que ver con el teatro occidental. Es uno de los cuatro tipos de teatro tradicional japonés. El teatro ya sorprende por su forma, tiene un escenario de cuarenta y dos metros de ancho que le da a la sala una disposición apaisada, es decir, la platea tiene pocas filas pero muchísimos asientos cada una. Los decorados, que representan paisajes o interiores de estilo puramente japonés, los cambian los propios actores deslizándolos por el escenario, (no suben ni bajan nada con poleas, como en occidente). Los actores van vestidos con ricos y vistosos trajes tradicionales, llevan unos elaborados maquillajes acordes con el papel que representan. No se puede dejar de ver este teatro si se tiene la suerte de estar en Tokio. Para los extranjeros se permite la entrada a sólo un acto, ya que las obras completas son muy largas aparte de que nada se entiende si no se sabe japonés, como era mi caso. Es muy interesante asistir a una de estas obras (o actos), es un espectáculo novedoso y con mucha belleza para ojos y mentes occidentales. Aparte del Kabuki, en Ginza hay otros muchos edificios emblemáticos, como el edificio de Mikimoto que vende las famosas perlas cultivadas, importantes museos o el redondo y famoso edificio San’ai, en el cruce Yon-chome, que es la intersección principal de Ginza y quizás el lugar más fotografiado de Tokio. Unas cuantas manzanas al sur de este lujoso distrito se encuentra el Mercado de pescado de Tsukiji, es un mercado mayorista donde se encuentra una extensa variedad de pescado, sobre todo atunes. Para visitarlo y poder ver la subasta hay que madrugar, como en todos los mercados. La actividad empieza alrededor de las dos de la madrugada. Esta visita es muy interesante, ver el orden, limpieza y el respeto con que se hace la subasta, merecen el madrugón. Hay otros distritos con sus ambientes: parques (el más importante es el Parque Ueno), el templo Senso-ji dedicado a la diosa Kannon, la bahía... ¡hay tanto que ver en Tokio! Es una de las grandes capitales del mundo y posee atractivos singulares. Ha sido la cabeza de la segunda potencia mundial durante muchos años, tienen los índices de indigencia y delincuencia más bajos del planeta y han sabido combinar modernidad con tradición, respetando su cultura y sus costumbres. Es ejemplar el esfuerzo realizado por este pueblo extraordinariamente trabajador. Merecen admiración. Marisol Morales |