Todos sabemos quién es Pedrito, nuestra estrella canaria en el Barça. Conocemos su asombroso camino hacia la selección. Claro, porque estamos hablando de fútbol...
Pero hay muchas historias desconocidas de canarios de gran éxito en otros ámbitos. Hoy contaremos una: Carlos Elías Pérez es, desde hace menos de un mes, catedrático en la Universidad Carlos III. Licenciado en Químicas, licenciado y doctor en Periodismo, éste güimarero de nacimiento nos ha dedicado amablemente unos minutos para contarnos su trayectoria.
¿Cuándo empezaste a pensar en trabajar en el mundo de la educación y cómo fue el salto a la universidad?
Empecé en Secundaria, después de terminar Químicas. Fuimos varios amigos a apuntarnos a las listas el día que cerraron actas en la facultad y que, a la vez, cerraban las listas. Fue una casualidad increíble. Pasó el verano y me llamaron en octubre para una sustitución de todo el año en el turno de noche, lo que me permitió trabajar por la mañana en el doctorado en Química Inorgánica. Ese mismo año, al final de curso, aprobé las oposiciones. Seguí trabajando en el instituto, pero también en el departamento de Química Inorgánica (llegué a participar en la síntesis y caracterización de seis nuevas moléculas y a publicarlas) y a la vez estudiando la licenciatura de Periodismo. Un año, además, también tuve que compatibilizarlo con el servicio social sustitutorio y con mis colaboraciones en ABC. ¡Ojalá tuviera ahora aquella capacidad de trabajo! El salto a la universidad no fue de un sólo paso. Tres años después de las oposiciones a Secundaria, terminé la licenciatura de Periodismo y obtuve una beca para el CSIC y la Agencia Efe. Era una beca muy prestigiosa para especializarte en periodismo científico. En principio, como era de un año, pedí una licencia por estudios a la Consejería de Educación, pero la Agencia Efe decidió contratarme y tuve que pedir excedencia. Perdí mi plaza en el instituto y me convertí en periodista. En Efe trabajé en Madrid, en política (incluso en el Congreso de los Diputados) y en local (también en la delegación de Tenerife). Después, me enteré de que El Mundo buscaba un responsable para ciencia de su sección de sociedad. Me presenté, saqué la plaza y dejé Efe, pues me parecía que en El Mundo podía unir mi carrera de químicas con la de periodismo.
Durante mi tiempo libre como periodista, hice mi tesis doctoral en periodismo, estando unos meses de becario FPU para poder redactar la parte final. Me dieron el premio extraordinario de doctorado. Mi tesis fue la número 51 que se leía en Ciencias de la Información de la ULL y la primera en tener el premio Extraordinario. Eso me dio confianza sobre mi investigación. Luego, cuando estaba en El Mundo, me presenté a unas oposiciones de la Universidad Carlos III de Madrid para profesor titular. Yo no era el candidato de la universidad, pero el tribunal fue muy estricto en sus valoraciones y yo aprobé esas oposiciones. Tenía muy buenas publicaciones de la tesis y de mis años de químicas y, además, valoraron mucho mi trayectoria como periodista. Obviamente tuve que dejar el periódico. Me costó mucho tomar la decisión porque me gustaba mucho el periodismo activo. En mi caso, además, escribía de ciencia en un diario nacional como El Mundo que te permitía viajar a muchos países y conocer a científicos de primera línea. Era mi sueño más deseado. Pero al final me decidí por la universidad porque mi entorno personal así me lo aconsejó. Fue la decisión más dura que he tenido que tomar. Así que ha sido un salto en varios pasos. Nunca pensé en la universidad como un destino de trabajo.
Ser catedrático: ¿es una meta o un punto de partida? ¿Cómo valoras este logro?
La cátedra te da mucha autonomía de trabajo y de línea de pensamiento. Ahora, además, con el sistema de acreditación, una comisión evalúa tus méritos antes de poderte presentar a la plaza de cátedra. Por tanto, el primer paso, la acreditación para poder acceder a la oposición, ya es en sí mismo un reconocimiento a tu currículo. Y eso es importante. Por eso yo estaba muy contento cuando en 2009 me acredité. Obviamente, ahora que además he aprobado la oposición de cátedra, estoy aún más contento. Creo, también, que la cátedra no es una meta sino un punto de partida para empezar a investigar en cosas más complejas que, tal vez, tarden en publicarse. Ya no estás tan pendiente de la dictadura de las comisiones de evaluación. Es un gran paso, pero no la meta final, sobre todo en mi caso que soy muy joven.
Eres el primero en España que ha sacado una cátedra de Periodismo con una materia como el periodismo y la divulgación de la ciencia ¿Qué indica esto del papel del periodismo científico en nuestro país?
Efectivamente. Mi cátedra salió sin perfil específico porque la Universidad Carlos III de Madrid está en contra de la endogamia. Eso la honra y gracias a eso pude entrar como titular. En el caso de la cátedra, el área fue “Periodismo” pero, repito, sin perfil específico. Sin embargo, tanto mi currículo, como mi proyecto docente, el proyecto investigador y la investigación original fueron sobre periodismo científico y divulgación de la ciencia. Como yo además me acredité en ciencias sociales y jurídicas, el mensaje es muy importante: la divulgación ya no es un hobby, sino una ciencia en sí misma con la que puedes acreditarte y llegar a catedrático. Es importante tenerlo en cuenta. Respecto al papel del periodismo científico, pues lo que indica es que se está consolidando como especialidad académica. Ya existía en las universidades de prestigio anglosajonas, alemanas o francesas, pero no en España. Fíjate que en el extranjero no existe la carrera de periodismo, y sí la asignatura de comunicación de la ciencia, que se imparte en ciencias o en Sociología o, incluso, en filosofía.
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