Artrosis y artritis son dos de las patologías que con más frecuencia afectan a nuestras articulaciones; además, dado que cada vez vivimos más años, aumentan también nuestras posibilidades de padecer alguna de estas alteraciones reumáticas. Por ello es interesante estar al corriente de los últimos avances en su tratamiento.
La artrosis es una enfermedad degenerativa y crónica de las articulaciones en la que el cartílago que recubre el hueso pierde agua y, por lo tanto, flexibilidad. Se destruye el cartílago causando dolor y rigidez, lo que hace que poco a poco el hueso también se vaya deteriorando.
La artrosis no se cura, pero se puede tratar. Los principales objetivos del tratamiento son: disminuir el dolor y la rigidez, conservar el mayor ángulo de movimiento de la articulación afectada y disminuir la progresión de la enfermedad.
La pérdida de peso y la realización de ejercicio físico son las primeras medidas terapéuticas recomendadas. El ejercicio evita la progresión de la enfermedad al fortalecer el músculo que fija las articulaciones, disminuye la intensidad del dolor y favorece la pérdida de peso, minimizando el estrés que debe soportar la articulación. El ejercicio debe ser moderado, como caminar o andar, con periodos de reposo de las articulaciones dolorosas.
El sobrepeso favorece la sobrecarga articular, predisponiendo a la aparición de procesos degenerativos en determinadas articulaciones de las rodillas.
Está comprobado que los factores que predisponen a una persona a sufrir artrosis se pueden contrarrestar de manera eficaz mediante una dieta basada en alimentos alcalinizadores. La formación excesiva de ácido en el cuerpo puede deberse al gran consumo de proteínas, y quienes padecen esta enfermedad deben mermar la ingesta de alimentos altamente proteicos e incorporar mayor cantidad de frutas y verduras en su dieta. De hecho, las frutas neutralizan estos ácidos corporales y ayudan a eliminar los minerales que forman depósito en el cartílago articular.
A la par, actualmente se ensaya con suplementos dietéticos que ayuden a fortalecer las articulaciones, aunque su eficacia en algunos casos no ha sido suficientemente estudiada ni demostrada, y siempre deben ser prescritas por el médico; éstas son algunas de las sustancias hoy en uso:
• Glucosamina:
• Condroitina
• S-adenosilmetionina o SAMe
• Colágeno tipo II
El denominador común de estos suplementos dietéticos es que mejoran el estado del cartílago articular y ayudan a mantener su elasticidad.
La rehabilitación tanto con ejercicios de estiramiento como de fortalecimiento y de postura, resultan adecuados para mantener los cartílagos en buen estado. Aumentar la movilidad de una articulación y fortalecer los músculos circundantes para amortiguar mejor los impactos, puede mejorar notablemente la calidad de vida del paciente.
La Amortiguación se consigue mediante un buen calzado y unas plantillas personalizadas que favorezcan el correcto reparto de las cargas. El cuerpo tiene la tendencia a huir del dolor, así cuando tenemos dañada la articulación de una de las rodillas, estaremos forzando la otra, con lo que con el tiempo, esta última también estará dañada. Por ello es tan importante que el reparto de cargas y presiones al caminar sea el adecuado, y que con el calzado, las plantillas y en algunos casos con sistemas de compresión ,consigamos una reducción de los impactos sobre las articulaciones.
En definitiva, la pérdida de peso y una nutrición adecuada, el ejercicio físico moderado, el tratamiento farmacológico cuando el médico lo cree conveniente y un tratamiento rehabilitador con plantillas puede mejorar notablemente la calidad de vida del paciente.
Nuria Violán Acevedo
Técnico Ortopeda
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