Nuestro cuerpo y, en concreto, nuestras células, se encuentran constantemente produciendo la energía necesaria para caminar, pensar o, simplemente, para mantener todos nuestros órganos en funcionamiento. Para obtener esa energía utilizamos oxígeno y los nutrientes que contienen los alimentos (hidratos de carbono, grasas y proteínas) en un proceso llamado «respiración celular», (independiente y distinto de la respiración pulmonar).
Todos sabemos que el oxígeno es fundamental para vivir. Sin embargo, a veces la naturaleza tiene aspectos contradictorios: aunque ese oxígeno es imprescindible para nosotros, su uso en la respiración celular dará lugar a los radicales libres, con efectos perjudiciales para nuestro organismo.
¿Qué son los radicales libres?
Son moléculas “desequilibradas” con átomos que tienen un electrón suelto, por lo que son muy reactivas. Estos radicales recorren nuestro organismo intentando captar un electrón de las moléculas estables a fin de lograr su estabilidad electroquímica. Pero no siempre lo consiguen y esto potencia reacciones en cadena que atacan nuestras células sanas. Son causantes de procesos de envejecimiento y de algunas otras enfermedades, o sea que “oxidan” las células.
¿Qué son los antioxidantes?
Llamamos antioxidantes a un grupo muy amplio de sustancias, presentes en su mayoría de manera natural en alimentos de origen vegetal. Los antioxidantes atacan a los radicales libres de nuestro cuerpo, uniéndose directamente a ellos e incapacitándolos para oxidar las moléculas. Por eso se insiste en el beneficio que aportan a la salud los antioxidantes tomados en los alimentos y dentro de una dieta sana. Además, desde hace décadas se utilizan también como aditivos para evitar el deterioro de los alimentos: se añaden como conservantes para retrasar la fecha de caducidad (son el grupo de aditivos que empiezan por E-3). Así, tenemos el E300 o ácido ascórbico, que no es otro que la vitamina C; o los que van del E-306 al E-309, que son distintas formas químicas de la vitamina E o extractos naturales ricos en la misma. No hay ninguna contraindicación asociada al uso de estos aditivos.
Existen más de 200 enfermedades ligadas a desequilibrios entre antioxidantes y radicales libres, aunque aún no demostradas al 100% por la comunidad científica. Entre ellas, ciertas patologías cardiovasculares, el cáncer, las cataratas, la degeneración muscular asociada a la edad y algunos problemas articulares.
Entre muchísimos antioxidantes destacamos la Capsicina (ayuda a desnutrir las células cancerígenas antes de que éstas causen ningún tipo de problemas). La encontramos en pimientos, chiles, ajíes, cayena. O los Taninos, muy potentes para limpiar las arterias (en el vino tinto, uvas, lentejas). Las Vitaminas, entre ellas la E, clásico antioxidante de aguacate, nueces, millo, aceites vegetales y cereales, que protege a las células de agresiones externas (contaminación, pesticidas, humo del tabaco); y la C, presente en kiwis, cítricos, tomates, pimientos, espinacas. Y los Minerales como el Cobre, que potencia el sistema inmune y es un agente antiinflamatorio y antiinfeccioso. Además facilita la síntesis de colágeno y elastina, necesarios para el buen estado de los vasos sanguíneos, del cartílago, de los pulmones y de la piel. En el hígado, pescado, marisco, cereales completos y vegetales verdes.
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