
Hace unos días presentó su último libro ‘Canarias territorio del Misterio’ en la Feria del Libro de La Matanza de Acentejo.
José Gregorio González es un escritor apasionado por los fenómenos paranormales y los enigmas aparentemente inexplicables.
Divulga su trabajo en prensa, radio y televisión a la par que trabaja en el sector de la comunicación institucional.
(Colabora con revistas como ‘Enigmas’, ‘Año Cero’, ‘Más Allá’ y ‘Arqueología e Historia de Iberia la Vieja’; y ha escrito una decena de libros, entre los que destacan ‘Canarias mágica’, ‘Canarias misteriosa’, ‘Las reliquias de Hitler’, ‘Grandes enigmas del cristianismo’, ‘Los OVNIs en Canarias’ y ‘El gran libro de la criptozoología’)
Nació en Venezuela y llegó a Canarias a los tres años. Su madre es matancera y su padre, de Santa Úrsula. Es el menor de tres hermanos. Desde hace quince años, José Gregorio trabaja en el gabinete de prensa del Ayuntamiento de La Matanza de Acentejo. Compagina el trabajo con su gran pasión: El misterio. Estoy todo el tiempo receptivo -dice. Para mí no es ningún hobby que ejercite durante un par de horas, sino algo que me tomo muy en serio.
¿De dónde te nace la inquietud por saber de estos temas?
Desde que era pequeñito me atraen todos los enigmas y estas historias; revista que caía en mis manos que tuviera algo de misterio o de arqueología, allí iba yo a mirar. En la tele el referente durante muchísimo tiempo en el único canal que había fue Fernando Jiménez del Oso.
¿Tus padres veían ese programa, les gustaba?
No particularmente. Yo lo escuchaba medio de escondidillas, como de rebote, porque no me dejaban. En mi familia tampoco se hablaba sobre esto de modo especial, así que no hay nadie que me haya influenciado ni en el tema ni para escribir sobre ello. Mi infancia fue totalmente normal: iba al cole, jugaba a la pelota...
Eran otros tiempos.
Es cierto, nosotros andábamos mucho ‘sueltos’. No había tantas amenazas y miedos como ahora. Los chicos de mi generación nos criamos en un ambiente muy sano, jugando a la pelota en la carretera..., nada que ver con cómo es hoy en día que, como padre, vives en un estado de alerta constante; sumado al salto tecnológico tan enorme en tan poco tiempo... es alucinante. Pero cuando yo era chico no había nada especial. Escuchaba por el barrio algún cuento de brujas y todos los años por San Juan hacíamos la hoguera para pedir deseos, pero yo no viví ninguna experiencia extraña que a mí me generase interés como para estudiar fenómenos misteriosos. Mis temas eran las noticias del espacio, los OVNIs, la arqueología... Hasta que en el ‘89 redacté un artículo que envié a una revista a nivel nacional, les gustó y lo publicaron. Eso me motivó. Además en el cole se me daban bien las redacciones. Creo que eso de comunicar y transmitir es una habilidad.
¿Tuviste algún apoyo especial, por ejemplo, de un profesor de lengua?
No, porque el género que yo cultivo no es algo a lo que la gente se acerque con frecuencia. Creo que hay personas que nacen con una predisposición especial para escribir. Y después eso hay que cultivarlo.
¿Estudiaste comunicación en la Universidad de La Laguna?
No, en realidad mi formación es como Auxiliar de Clínica y Técnico especialista en Dietética y Nutrición. Inicié después estudios de psicología a distancia porque por cuestiones de trabajo no podía desplazarme.
¿Escribes porque te gusta tratar el tema o tratas el tema porque te gusta escribir?
Las dos cosas. Trato de hacerlo de modo que todo el mundo lo pueda comprender fácilmente, con un lenguaje cercano. Mi trabajo diario en el gabinete de prensa es también comunicar.
Claro, pero en ese caso el lenguaje es más bien técnico.
Bueno, los temas son políticos y técnicos, y mi trabajo es acercar esos temas a los ciudadanos. Hablar de hormigoneras, del decreto tal o cual... O como ahora, que estamos actuando en el marco del proyecto de la subestación eléctrica de Los Nateros, sus zonas afectadas y las movilizaciones vecinales.
¿Recuerdas el nombre de la revista donde salió tu primer artículo?
Sí, se llamaba ‘Su Futuro’. Recuerdo también que yo era menor, tenía 16 ó 17 años, y que firmé con el nombre de mi grupo.., bueno, en realidad éramos dos chicos amigos del colegio que nos hacíamos llamar ‘Psico-alfa’ ... otros montaban un grupo de rock... Cuando los editores descubrieron mi edad se quedaron bastante sorprendidos. Pero es que yo tenía mis complejos y pensaba que si me presentaba a una revista nacional prestigiosa siendo menor, y encima siendo de Canarias, no iban a aceptar mi trabajo. Así que en principio usé un seudónimo; después ya firmé con mi nombre real. Eso me pasó también en el diario ‘El Día’, aquí en Tenerife, cuando empecé a escribir un espacio en el año ‘91. Yo solía entregar abajo un sobre con el texto mecanografiado, pero una vez debí subir a la redacción. Bueno, hasta tuve que mostrar mi carnet de identidad para convencer a los coordinadores y a varios periodistas para que me creyeran que el autor de mis textos era yo mismo. Era un crío.
¿Y había tantos misterios canarios sobre los cuales escribir?
Por juventud e ignorancia hubo una época de niño en la que yo sentía que en Canarias nunca pasaba nada. Todo lo interesante pasaba en otro lado. Para mí llegó a ser una cuestión de mala suerte total vivir en Canarias. Porque las pirámides estaban en Egipto, los OVNIs aterrizaban no sé dónde en Estados Unidos, los templos existían en México y Perú... Hasta que con doce o trece años descubrí el universo aquí, los enigmas arqueológicos y la cultura guanche, santos y cuestiones marianas, los casos OVNI, casas encantadas, y me di cuenta de que en Canarias hay de todo: Canarias es un continente de historias. Para los griegos, romanos y fenicios existíamos como espacio mítico y mitológico del que ya se hablaba; se decía que los héroes después de su muerte física iban más allá de las columnas de Hércules. Seguramente los primeros que se aventuraron en el mar fueron los fenicios, que arrastrados por las corrientes marinas llegaron a este paraíso. Y en aquel momento las islas habrán sido maravillosamente exuberantes, me imagino.
Hasta que se cargaron los bosques, ¿no?
Sí. Cuesta imaginarse que Lanzarote y Fuerteventura fueran un vergel, uno que siempre ha visto esas islas tan desérticas.
Una de mis preguntas principales tiene que ver con lo que dijiste recién, que no has tenido ninguna experiencia paranormal.
Yo he tenido algún ‘guiño’ del misterio. Claro, nada que ver con las historias que me han contado. Fue algo muy simple. Aquello era como un canto gregoriano, como un hilo musical en el fondo del Barranco de Badajoz, en Guímar. Estaba con unos amigos y no nos pusimos ni a rezar ni a llorar, sino que sacamos conclusiones de que tal vez sería el viento.
¿Por qué es siempre un canto gregoriano y no un rock and roll?
Habría que hablarlo con un músicoterapeuta, pero creo que hay sonidos que son mucho más naturales que el rock. ¿Has escuchado lo que los astrónomos llaman ‘la música de las estrellas’? Sé que hay melodías que serenan y otras que te alteran. Pero yo no sé nada de música.
¿Cómo es el Barranco de Badajoz?
Es increíble. Un paisaje con una enorme grieta en la tierra y donde recurrentemente la gente vive experiencias extrañas en forma de manifestaciones lumínicas, desde bolas brillantes hasta siluetas que se forman con la niebla de la humedad. Es uno de esos ‘lugares con miedo’.
¿La definición es tuya?
No, lo dice la misma gente mayor. Hablan de lugares ‘con miedo’ o lugares mágicos. O un lugar ‘pesado’, que es un sitio donde te puedes desorientar o apesadumbrar, o donde se te puede aparecer algún fallecido... ¡A mí me encanta hablar con los viejitos y que me cuenten! Hay historias chulísimas que normalmente no han trascendido los límites de la esfera familiar. Historias de brujas que todavía perduran, gente que asegura haber escuchado sus risas... Es como una especie de topografía del misterio.
O sea que también recopilas leyendas de tradición oral contadas por la gente mayor.
Sinceramente es la parte más gratificante de mi trabajo de investigación, porque puedes descubrir historias muy puras que no están contaminadas ni por la literatura ni por la tele ni por internet. Generalmente quien te cuenta su experiencia no sabe quién es Iker Jiménez, ni Jiménez del Oso o Juan José Benítez. Son gente de campo y no se expresan con la jerga o el lenguaje del misterio. A veces te hablan de un ‘bicho que aparece’, cuando quieren definir a un espectro. Para mí es muy emocionante que el destino me coloque ahí para escucharlos porque es una oportunidad única que si tú no estás ahí, se pierde.
Te adelanto que somos bastante escépticos con los temas de misterio. ¿Cuáles son los pasos desde la recopilación de la información cruda hasta la comprensión del fenómeno? ¿Se puede hacer con rigor científico o racional para que no quede solamente en una ‘noticia que mola’, para hacer un show?
Usaste una palabra que a mí me gusta mucho: escepticismo. Lo razonable cuando se plantean este tipo de temas es ser escéptico, es el punto de partida. O llámalo si quieres desconfianza...
... no, la desconfianza implica una categoría moral...
Es que a veces se confunden los términos. Desde mi punto de vista, escéptico sólo se puede ser si se conoce del tema; pero si no conoces nada, se corre el riesgo de adoptar una postura de negación por fe. Cuando a nosotros nos cuentan estas historias que requieren de nuestra ayuda para interpretar el fenómeno que está sucediendo, acudimos con sentido común. Tú no vas a alimentar el misterio porque sí, sino a aportar algo de luz, de análisis, alguna explicación. Hay muchas cosas que se dan por misteriosas, pero quitando capas a la cebolla descubres que tienen una lógica. Es como si ahora, que estamos hablando de temas misteriosos, de repente se fundiera un foco...
Con tu reputación, y luego de tantos libros escritos, supongo que se te acerca mucha gente contándote historias misteriosas. ¿Cuáles son las que tú identificas como interesantes, que te despiertan curiosidad?
A partir del escepticismo empiezas a quitarle hierro a muchas historias. En principio puedes plantearle al testigo posibles explicaciones para resolver ese misterio. Hay gente que necesita comprender la situación por la lógica y tienen una predisposición a entender racionalmente lo que les está sucediendo. Pero otras personas no, porque a veces su vida ha dado un vuelco tan grande -generalmente a peor- que prefieren resignarse aferrándose a lo mágico, y así no enfrentar la responsabilidad de entender lo que está pasando. Resumiendo, siempre damos un margen de credibilidad a los hechos, porque como estos tipos de fenómenos tampoco son reproducibles en laboratorio...
Todavía.
Claro, la ciencia va avanzando rápidamente. Hay muchos hechos extraños que seguramente pronto tendrán respuestas desde el ámbito científico.
¿Y qué pasa con el fraude?
Hay muchos que han sido pillados haciendo fraude, tanto sean escépticos como creyentes. A veces me he encontrado con extremistas cuya única salida final es que ‘el testigo miente’. Si ellos no encuentran una explicación previa y el testimonio no los convence, entonces no hay historia. ¡¿Cómo que el testigo miente?!... Hubo un tiempo en el que me metía en follones y en debates tratando de convencer a todo el que se me ponía delante. Pero ya no lo hago más. A mí me apasionan los temas, ver si hay algo o no, pero ya no me interesa discutir. Me interesa comprender, y eso no significa reforzar el misterio porque sí. El proceso te lleva por caminos muy diversos. Como anécdota te cuento lo que pasó hace años con respecto a testimonios de avistamientos OVNI: Yo sabía que en cuanto diera a conocer el caso, aún sin darlo como concluyente, me presentarían un contrainforme invalidando toda mi información. Si el testigo decía que había visto un fenómeno y a Venus simultáneamente detrás, para ellos todo se reducía a que el testigo había visto solamente a Venus. Así que un par de veces, por probar, cambié algunos datos de los testimonios.
¿Y con eso qué conseguías?
Que me daban explicaciones astronómicas o atmosféricas a casos inexistentes. El cuerpo del relato era real, pero los datos de fecha y hora, no. Lo hice para probar si era una actitud preconcebida en contra de los testigos. Y así fue. Ellos siempre sentenciaban que el testigo se equivocaba o mentía.
Cuando hablas de ‘ellos’ ¿a quiénes te refieres?
A gente en general, grupos de esos que tienen un trato irrespetuoso y despectivo hacia todo lo que no comprenden.
¿Te has sentido descontado, menospreciado en esas ocasiones?
No, bueno. Me molestó un poco, porque yo trato de respetar a todos y me interesaba colaborar en investigaciones. En determinados momentos he sido foco de críticas, pero bueno, tienes que convivir con ello. Me molesta más el trato que se les suele dar a los verdaderos protagonistas de estas historias.
La faceta divulgativa suele ser la más crítica, sobre todo por la reacción que uno intenta provocar.
Es que los seres humanos somos seres muy complejos y nos tenemos que desenvolver en un escenario de racionalidad. Pero hay fenómenos y experiencias que cuando los abordas no siempre tienen lógica. Es razonable pensar que todavía no tenemos respuesta sin necesariamente caer en que fue un espíritu. Nosotros recogemos el testimonio, intentamos buscar recursos y consultar profesionales para analizar el hecho. Encuestamos a los testigos una y otra vez para ver que no haya huecos. Yo entiendo que ese hecho sucede y sucedió como lo vivió esa persona. Hay personas que fabulan, gente que está enferma o busca notoriedad, pero hay otras que creen firmemente en lo que han vivido. Esas por lo menos merecen mi atención, aunque no significa que el hecho haya sucedido exactamente así. Pero si por ejemplo, alguien vio una luz en Icod El Alto no voy a justificarlo con que en ese mismo momento hubo un lanzamiento de un misil en Cabo Cañaveral. A ver: planteas un escenario y te esfuerzas en buscar una explicación plausible. Pero cuando la situación no la tiene, debes dejar aparcado el tema hasta que haya alguna posibilidad mayor para analizarlo.
¿Tienes colaboradores de otros ámbitos con quienes intercambiar información?
¡Claro! En todos los años de trabajo e investigación vas conociendo mucha gente interesante y profesionales de todas las áreas de la investigación. Pero volviendo a tu planteo sobre la moralidad de la información: yo no puedo dar los hechos que me cuentan como consumados, porque no sería coherente. Si yo hubiera vivido esa experiencia para mí sería ‘mi verdad’. Pero en mi caso, como soy un comunicador tengo que tomar los eventos y las historias, llegar hasta lo más profundo que pueda y contarlo así como me lo dicen.
Me inquieta porque España parece ser un país muy proclive al pensamiento mágico, posiblemente por el catolicismo tan férreo.
Pero no confundas el interés con la credulidad. Aquí se ha demostrado el interés mediático que supone el trabajo de Iker en Cuarto Milenio, el programa más antiguo de Cuatro, que se ha logrado reinventar con gran calidad técnica y una producción increíble. Pero creo que hay demasiados complejos como para reconocerle el mérito que tiene.
Eso no te lo niego, es uno de los programas más elaborados de la televisión española privada.
Sin embargo premiamos programas de televisión donde se indaga en la vida de otros y se muestran las miserias de los demás.
Te entiendo. Aunque sigo pensando que de alguna forma ambas vertientes se asientan en el mismo caldo de cultivo que tiene que ver con la magia, la creencia.
Mira, hay programas de deporte, de sucesos, tertulias de actualidad y políticas; programas de prensa rosa, de polémica, canales temáticos... Y hay un sector grande de población que tiene interés por conocer fenómenos de misterio.
Vale, yo no digo que no sea lícito.
Y no creo que vaya ligado necesariamente a la credulidad. Para mí el misterio es una llave. En Canarias creo que sirve también para conocer nuestra historia. Por ejemplo: a través de la manera mágica con que Antonio Padrón retrató en sus cuadros prácticas brujeriles, hechicerías y curanderismo, yo di a conocer a este pintor de Gran Canaria que probablemente hubiera pasado desapercibido para los lectores. Además dicen que hasta ¡su espectro se aparece en su museo! Y yo impulso a todos a que vayan al museo de Antonio Padrón por el misterio y, de paso, descubran a un pintor fantástico que hizo muchas otras obras. Así lo conocí yo, que sin ser un apasionado del arte me encontré con un genio.
Pero también hay mitos inventados para atraer al público y comerciar con su credulidad.
¡Si hasta hay gente que es crédula con las cremas adelgazantes milagrosas de tres días!
Entonces deberíamos replantearnos la situación en la que si se quema un foco de esta habitación, el primer pensamiento es que tal vez el personal de mantenimiento debería revisar los cables y averiguar cuándo se cambió por última vez el bombillo. Lo de pensar que un espectro pasó volando demasiado rápido...
Claro, pero eso depende del contexto y la atmósfera creada. Si el foco se apaga y estamos hablando de deporte, nadie se lo plantea. Esa conclusión es normal que salga, a veces hasta de broma, cuando estás hablando de misterio. Después del desconcierto inicial, el siguiente paso es el importante: ¿sumamos este evento al misterio? ¿O lo trivializamos como si fuera una casualidad que no tiene relación?
Y ¿qué pasa si la primera respuesta es siempre la relación mágica?
Yo siempre voy a la búsqueda de la explicación. Más bien, invito a la explicación porque forzar tampoco es legítimo. Creo que lo adecuado es exponer la situación: la puedes tomar como una anécdota y ya está, o pensar que en aquel momento una energía ajena a nosotros quiso autentificar el misterio y se manifestó fundiendo un foco. Yo procuro ser honesto, aunque me puedo equivocar.
Básicamente tú crees entonces que hay cosas que suceden fuera del Yo.
Yo creo que hay cosas que no se pueden explicar de momento, pero se están empezando a ajustar con modelos del mundo cuántico y subatómico. Lo que se está discutiendo ahora en el ámbito de la ciencia es si hay relación entre ese mundo y nuestro mundo macro. Si la no-localidad, la manera en la que se transmite la información dentro de las células puede replantear argumentos para entender, por ejemplo, memorias y recuerdos de vidas pasadas sin pasar por la creencia de la reencarnación.
Lo que pasa es que a la luz del psicoanálisis cualquier estado regresivo puede ser fantaseado como una vida pasada. Las protofantasías que un niño construye a los dos años, por ejemplo, pueden quedar sepultadas por la frustración de sus deseos tempranos y emerger luego en la vida adulta como si fueran imágenes que pertenecen a una ‘vida pasada’.
Yo no me refería a casos de regresiones dentro de esta vida, sino casos muy concretos que evidencian vidas anteriores y que todavía no tienen explicación. Niños que saben hablar otros idiomas sin haberlos aprendido, o que proporcionan datos personales y señas irrefutables -a veces acompañadas de marcas de nacimiento- que se corresponden con las de personas concretas fallecidas en puntos remotos del mundo, etc. El dilema es aceptar si se trata de un caso de reencarnación auténtico, porque para llegar a ese punto se han analizado previamente muchísimos datos. O esperar a ver qué pasa para no aceptar las cosas solamente por la fe. A nivel científico ahora se está hablando de memoria no local y colectiva...,
... como la nube...
... sí, se está hablando de que las zonas de la memoria son receptores que más que almacenar, recogen información.
Eso está más cerca de lo que pienso yo.
Y según pasa el tiempo, las ciencias se van validando y desvalidando. La discusión está abierta.
¿Hay menos misterios en la actualidad, donde cada uno tiene un móvil con cámara? ¿Siguen apareciendo OVNIs, por ejemplo?
Sí, siguen apareciendo. El tipo de manifestación OVNI es maleable, es como la plastilina que se adapta a los entornos. Hay una corriente psicosocial colectiva que aborda el tema con un enfoque intelectual. Hoy la vemos como tecnológica y espacial, pero se parece mucho a la interpretación medieval, donde se hablaba de demonios, de dioses, de representaciones élficas. O está en nuestra mente y es una expresión; o es algo externo que nosotros vamos traduciendo en función de la época en que nos encontramos. Es un tema para hablar largo y tendido.
¿Necesitamos dioses?
Eso no te lo sabría responder. Pero que los hemos creado, los alimentamos y los sustituimos constantemente por otros, sí. Hay mucha gente que vive con el dios de hace tres mil años y otros que para vivir han convertido al ipad en su dios personal.
Silvina Ruiz Lingenfelder
En pocas palabras
¿Tu fecha de nacimiento? El 27 de octubre de 1972.
¿Una película? Desayuno con diamantes.
¿A quién le escribiste el último sms? A mi jefe.
Un animal: Los felinos.
Lo que te hace feliz: Mi hijo.
¿Progresista o conservador? Más bien progresista.
¿Usas un amuleto? No.
¿Escribes un blog? Sí.
¿Frío o calor? Me gusta más el frío.
¿Qué te queda pendiente? Lo que todavía no he hecho.
Un secreto: Inconfesable ¿no?
¿Qué súper-poder te gustaría tener? Me encantan los súper-héroes y tengo predilección por Spiderman, aunque él no vuela. Sí, me gustaría poder volar.
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